CONFLICTO Y PACIFICACIÓN
El conflicto varía. En ocasiones es mínimo, en ocasiones inmenso; a veces oculto, a veces abierto; a veces destructivo, a veces constructivo. A pesar de esta variación, esto es seguro: en cualquier momento en que las personas, o grupos, están tan vinculados que sus acciones las afectan entre sí, el conflicto es natural e inevitable. En ocasiones el conflicto puede ser suprimido. Pero a menos que las dos partes tengan necesidades y deseos idénticos, sus deseos en ocasiones chocan. El conflicto sucede entre individuos, entre grupos, entre naciones. Consideremos estos ejemplos.
Entre individuos: George y su compañero de dormitorio casi no se hablan. Aparte de unas cuantas alusiones sarcásticas a "los calcetines apestosos en el suelo" y "esa música fuerte y distractora", cada uno se ha instalado en un enojo callado. Cuanto más prevalece el silencio, más asume George que su compañero es hostil y más hostil se siente él a su vez. ¿A dónde los conducirá? ¿Se separarán? ¿O llegarán a un nuevo entendimiento que restablezca su antigua amistad?
Entre grupos: los trabajadores de la Compañía Manufacturera Acme están en huelga. Descontentos por los bajos salarios y las prestaciones mínimas, insisten en que no regresarán a trabajar sin un aumento significativo en salario y prestaciones. La respuesta de la compañía: "Dados su gran ausentismo y su baja productividad, no podemos satisfacer sus demandas". ¿Dónde terminará esto? ¿La huelga llevará a la bancarrota a la compañía y dejará sin trabajo a los obreros? ¿O será posible rehacer la relación actual patrón-empleado, permitiendo una mayor productividad y ganancias para la compañía y mayores salarios para los trabajadores?
Entre naciones: Un discurso que se ha dicho en muchos idiomas por los líderes de muchos países, dice más o menos así: ‘las intenciones de nuestro país son completamente pacifistas. Sin embargo, también estamos conscientes de la agitación mundial y de la amenaza planteada por otras naciones, con sus nuevas armas. Por tanto sería negligente no tomar las medidas adecuadas para aumentar nuestra capacidad de defendemos contra los ataques. Al hacerlo, protegeremos nuestra forma de vida y preservaremos la paz" (L. F. Richardson, 1969). Casi todas las naciones declaran preocuparse sólo por la paz pero, desconfiando de otras naciones, se arman en defensa propia. El resultado: un mundo en el que los países en desarrollo tienen 8 soldados por cada médico, un mundo con 51 000 armas nucleares de reserva (Sivard, 1991).
Una relación o una organización sin conflicto probablemente es apática. Conflicto significa involucramiento, compromiso y preocupación. Si es comprendido, si es reconocido, puede estimular el mejoramiento y la renovación de las relaciones humanas. Sin conflicto, las personas rara vez enfrentan y resuelven sus problemas.
Esclarezcamos nuestros términos. Conflicto es una incompatibilidad percibida de acciones u objetivos. Sea que sus percepciones sean precisas o imprecisas, las personas en conflicto sienten que la ganancia de un lado es la pérdida del otro. "Me gusta oír música." "A mí no me gusta oírla." "Queremos más salario." "No podemos dárselo." "Queremos paz y seguridad." "Nosotros también, pero ustedes nos amenazan.
Paz, en su sentido más positivo, es más que la supresión del conflicto abierto, más que una calma superficiaL tensa y frágil. La paz es el resultado de un conflicto manejado con creatividad, uno en el que las partes reconcilian sus diferencias percibidas y alcanzan un acuerdo genuino. "Nosotros obtuvimos nuestro aumento salarial. Ustedes obtuvieron su aumento en las ganancias. Ahora vamos a ayudamos unos a otros para lograr nuestras aspiraciones."
Pero, ¿qué desata el conflicto? Los estudios psicosociales han identificado varios factores. Lo que es sorprendente (y que simplifica nuestra tarea) es que estos factores son comunes a todos los niveles de conflicto social, sean conflictos interpersonales, intergrupales o internacionales más complejos.
CONFLICTO
Mientras examinamos los ingredientes del conflicto, tenga en mente que la psicología social nos proporciona sólo una perspectiva de los conflictos sociales significativos. Por ejemplo, los conflictos internacionales también surgen de historias, ideologías y economías diferentes —todo lo cual lo analizan cuidadosamente los estudiosos de la ciencia política—. Identifiquemos primero algunos tipos comunes de conflicto social.
DILEMAS SOCIALES
Varios de los problemas que amenazan más nuestro futuro humano —armas nucleares, el efecto invernadero, la contaminación, la sobrepoblación, el agotamiento de los recursos naturales— surgen cuando varios grupos persiguen su propio interés pero, de manera irónica, lo hacen en detrimento de su colectividad. Cualquiera puede pensar: "Sería muy costoso para mí instalar los controles para la contaminación. Además, mi contaminación es mínima." Muchos otros razonan de modo similar y el resultado es aire y agua sucios.
En algunas sociedades los individuos se benefician al tener muchos hijos que, asumen ellos, pueden ayudar con las tareas de la familia y proporcionar seguridad cuando los padres son ancianos. Pero cuando la mayoría de las familias tiene muchos hijos, el resultado es la devastación colectiva de la sobrepoblación. Por tanto, las elecciones que son recompensantes de manera individual se vuelven punitivas colectivamente cuando otros eligen lo mismo. Por consiguiente, hay un dilema urgente: ¿cómo podemos reconciliar el bienestar de los individuos —su derecho a perseguir libremente sus intereses personales— con el bienestar de la comunidad?
Para aislar e ilustrar este dilema, los psicólogos sociales han usado juegos de laboratorio que exponen el núcleo de muchos conflictos sociales. Al mostramos cómo las personas bien intencionadas quedan atrapadas en conductas mutuamente destructivas, aclaran algunas paradojas fascinantes, aunque problemáticas, de la existencia humana. Consideremos dos ejemplos: el dilema del prisionero y la tragedia de los comunes.
El dilema del prisionero
Un dilema se deriva de una anécdota relativa a dos sospechosos interrogados por separado por un fiscal. Ambos son culpables conjuntamente; sin embargo, el fiscal sólo tiene evidencia suficiente para condenarlos por un delito menor. De modo que el fiscal ofrece a cada uno una oportunidad de confesar en privado, explicando que si uno confiesa y el otro no, al que confiese se le garantizará inmunidad y la confesión será usada para condenar al otro de un delito máximo. Si ambos confiesan, cada uno recibirá una sentencia moderada por el delito menor. Si ninguno confiesa, cada uno recibirá una sentencia ligera. Enfrentado con este dilema, ¿confesaría usted?
Muchos lo harían, a pesar del hecho de que la confesión mutua produciría sentencias más severas que la no confesión mutua. Nótese que, sin importar lo que el otro prisionero decida, para cada uno es mejor confesar. Si uno confiesa, entonces obtiene una sentencia moderada en vez de una severa. Si el otro no confiesa, uno sale libre. Por supuesto, cada prisionero razona de la misma manera. De aquí, la trampa social.
En alrededor de 2.000 estudios (Dawes, 1991), estudiantes universitarios han enfrentado variaciones del dilema del prisionero y han utilizado como compensación fichas, dinero o puntos para el curso en lugar de sentencias de prisión. En cualquier decisión dada, para una persona resulta mejor desertar (debido a que esta conducta explota la cooperación del otro o protege contra la explotación del otro). Sin embargo, —y aquí está la dificultad— al no cooperar, ambas partes terminan peor que si confían uno en el otro y obtienen un beneficio conjunto. Este dilema a menudo atrapa a cada uno en un predicamento enloquecedor en el que ambos se percatan de que podrían beneficiarse mutuamente pero, al desconfiar uno del otro, se "bloquean" y no cooperan. En estos dilemas, la persecución desenfrenada del interés propio puede ser perjudicial para todos. Esto sucedió durante la guerra fría entre los Estados Unidos y la Unión Soviética después de 1945. Un observador desinteresado de otro planeta tal vez habría notado que la política militar de la "destrucción mutuamente asegurada" es una locura. Como lo lamentaba Dwight D. Eisenhower:
Cada pistola que se fabrica, cada barco de guerra que se bota, cada misil disparado significa, después de todo, un robo a quienes tienen hambre y no la pueden saciar, a quienes tienen frío y no tienen con qué abrigarse. Este mundo en armas no sólo está gastando dinero. Está gastando el sudor de sus trabajadores, el genio de sus científicos, las esperanzas de sus niños.. . Esta no es una forma de vida, en absoluto, en ningún sentido verdadero. Bajo la nube de la amenaza de la guerra está la humanidad colgando de una cruz de hierro.
Puede ser cierto, ocasionalmente, que mantener un equilibrio con base en el terror ayuda a prevenir la guerra, la cual podría estallar si una nación creyera que podría explotar con facilidad las debilidades de otra. Pero ni los registros históricos ni la evidencia psicológica que consideraremos apoya la idea de que amenazar a un enemigo con grandes garrotes, como las armas nucleares, pueden disuadir la guerra. Más guerras se han peleado durante la fuertemente armada década de 1980 que en cualquier otra etapa de la historia. Más aún, la gente de todas las naciones estaría sin duda más segura si no hubiera amenaza de armamentos y si lo que se dispone para el gasto militar se dispusiera para propósitos constructivos en lugar de destructivos.
Es fácil decir todo esto, pero el dilema que enfrentan los líderes nacionales —y los estudiantes universitarios en las simulaciones de laboratorio del dilema de la carrera armamentista— es que un desarme unilateral lo hace a uno vulnerable a los ataques o al chantaje. En el laboratorio, quienes adoptan una estrategia cooperativa incondicional a menudo son explotados. De este modo, por desgracia, los gastos en armamentos continúan.
La tragedia de los comunes
A diferencia de los conflictos entre dos naciones, muchos otros dilemas sociales presionantes implican a muchos participantes. El efecto invernadero predicho se producirá principalmente por la extensa deforestación y las emisiones de dióxido de carbono de incontables automóviles, quemadores de petróleo y plantas de energía alimentadas con carbón. Cada automóvil que consume gasolina contribuye de manera infinitesimal al problema y el daño que produce cada uno se difunde sobre muchas personas. Para demostrar estos predicamentos sociales, los investigadores han desarrollado dilemas de laboratorio que implican a múltiples personas.
Una metáfora de la naturaleza insidiosa de los dilemas sociales es lo que llamó el ecologista Garrett Hardin (1968) la "tragedia de los comunes". Derivó el nombre de los pastizales localizados en el centro de los antiguos poblados ingleses. Sin embargo, los "comunes" pueden ser aire, agua, ballenas, galletas o cualquier recurso compartido y limitado. Si todos usan el recurso con moderación, puede reponerse por sí mismo tan rápido como es recogido. El pasto crecerá, las ballenas se reproducirán y el tarro de las galletas se volverá a llenar.
Imagínese a 100 granjeros alrededor de unos "comunes" capaces de sostener a 100 vacas. Cuando cada uno apacienta a una vaca, el terreno alimentador común se usa de manera óptima. Pero entonces alguien razona: "Si pongo una segunda vaca en el pastizal, duplicaré mi producción, menos el 1% de sobreapacentamiento." Así que este granjero agrega una segunda vaca. Entonces hace lo mismo cada uno de los demás granjeros. ¿El resultado inevitable? La tragedia de los comunes—un campo lodoso sin pastos—.
Muchos predicamentos reales se comparan con esta historia. La contaminación ambiental es la suma de muchas contaminaciones menores, cada una de las cuales beneficia a los contaminadores individuales tfiucho más de lo que podrían beneficiarse a sí mismos (y al ambiente) si detuvieran su pequeña contaminación. Tiramos basura en lugares públicos —dormitorios, parques, zoológicos— pero mantenemos limpios nuestros espacios personales. Y agotamos nuestros recursos naturales debido a que los beneficios personales inmediatos de, digamos, tomar una ducha caliente prolongada, son superiores a los costos aparentemente intrascendentes. Los balleneros saben que otros explotarán a las ballenas si ellos no lo hacen y que tomar unas cuantas ballenas difícilmente disminuirá la especie. En eso estriba la tragedia. El asunto de todos (la conservación) se vuelve el asunto de nadie.
Los elementos del dilema de los comunes se han aislado en juegos de laboratorio. Póngase en el lugar de estudiantes de la Universidad Estatal de Arizona jugando el Juego de las Nueces de Julian Edney (1979). Usted y otros se sientan alrededor de un tazón poco profundo que al inicio tiene diez nueces de metal. El experimentador explica que su meta es acumular tantas nueces como sea posible. Cada uno de ustedes puede tomar en cualquier momento tantas como deseen y cada 10 segundos el número de nueces restantes en el tazón será duplicado. ¿Dejaría usted las nueces en el tazón para que se regeneraran, y producir por tanto una cosecha mayor para todos?
Probablemente no. A menos que se les diera tiempo para concebir y acordar una estrategia de conservación, el 65% de los grupos de Edney nunca alcanzaron el primer reabastecimíento a los diez segundos. A menudo las personas tiraban al suelo el tazón echando mano a su parte.
¿Este individualismo es único de los estadounidenses? Kaori Sato (1987) dio a estudiantes de una cultura más colectiva, Japón, oportunidades de cosechar árboles —por dinero real— en un bosque simulado. Cuando los estudiantes compartieron por igual los costos de plantar el bosque, los resultados fueron como los de las culturas occidentales. Más de la mitad de los árboles fueron cosechados antes de que crecieran al tamaño más productivo.
El tazón de nueces de Edney y el bosque de Sato me recuerdan el tarro de galletas de nuestro hogar. Lo que deberíamos hacer es conservar las galletas durante el intervalo entre los reabastecimientos semanales, de modo que cada día podamos comer dos o tres. Al carecer de regulación y con temor de que otros miembros de la familia agoten pronto el recurso, lo que en realidad hacemos es maximizar nuestro consumo individual de galletas comiendo una tras otra. El resultado: en 24 horas se termina la abundancia de galletas, el tarro queda vacío y nosotros de nuevo esperamos su reabastecimiento.
Los juegos del dilema del prisionero y del dilema de los comunes tienen diversas características similares. Primera, ambos tientan a las personas a explicar su propia conducta de manera situacional ("tengo que protegerme contra la explotación de mi oponente") y a explicar la conducta de sus compañeros de manera disposicional ("ella fue codiciosa", "él no fue de fiar"). La mayoría nunca se da cuenta de que sus contrapartes los están viendo a ellos con el mismo error fundamental de atribución.
Segunda, los motivos cambian a menudo. Al principio, las personas están ávidas de hacer algo de dinero fácil, luego de minimizar sus pérdidas y finalmente de salvar las apariencias y evitar la derrota. Estos motivos cambiantes son notablemente similares a los motivos aparentemente cambiantes del presidente Johnson durante el aumento de la guerra de Vietnam. Al principio, sus discursos describían la preocupación de los Estados Unidos por la democracia, la libertad y la justicia. Conforme el conflicto aumentaba, su preocupación expresada se volvió la protección del honor de los Estados Unidos y la de evitar la humillación nacional de perder una guerra.
Tercera, la mayoría de los conflictos de la vida real, como el dilema del ta a prisionero y el dilema de los comunes, son juegos de suma distinta a cero. La suma de las ganancias y las pérdidas de los dos lados no necesita ser igual a cero. Ambos pueden ganar; ambos pueden perder. Cada juego opone los intereses inmediatos de los individuos contra el bienestar del grupo. Cada uno es una diabólica trampa social que muestra cómo, aun cuando los individuos se comporten de manera "racional", puede resultar un daño. Ninguna persona maliciosa planeó que Los Ángeles se cubriera de esmog, ni la horrenda destrucción del conflicto de Vietnam, ni que la atmósfera de la tierra se calentara por una capa de dióxido de carbono.
Sin embargo, debemos tener cuidado de no exagerar el punto. No todas las conductas de autoservicio llevan a la perdición colectiva. En "comunes abundantes" —como en el mundo del economista capitalista del siglo XVIII, Adam Smith— los individuos que buscan maximizar su propia ganancia también pueden dar a la comunidad lo que necesita: "No es de la benevolencia del carnicero, del cervecero o del panadero que esperamos nuestra cena, sino de la consideración a su propio interés".
Pero, en aquellas situaciones que en efecto son trampas sociales, ¿cómo podemos inducir a las personas a cooperar para su mejoramiento mutuo?
Resolución de dilemas sociales
La investigación con los dilemas de laboratorio ha revelado varios métodos para promover la cooperación.
Regulación
Reflexionando sobre el dilema de los comunes, Garrett Hardin (1968) escribió: "La ruina es el destino hacia el que se apresuran todos los hombres, persiguiendo cada uno su propio interés en una sociedad que cree en la libertad de los comunes. La libertad en los comunes nos trae la ruina a todos." Consideremos: si los impuestos fueran voluntarios por completo, ¿cuántos pagaríamos nuestra parte completa?
Con seguridad, muchos no lo harían, por eso las sociedades modernas no dependen de la caridad voluntaria para satisfacer sus necesidades de seguridad social y militar. También desarrollamos leyes y reglamentos para nuestro bien común. Una Comisión Internacional de Caza de Ballenas establece un acuerdo sobre la "cosecha" que permite a las ballenas regenerarse. Los Estados Unidos y la Unión Soviética se comprometieron mutuamente con el Tratado sobre la Prohibición de Pruebas Atmosféricas que reduce la radiación en nuestro aire común. Cuando son obligatorias, las regulaciones ambientales igualan la carga para todos; ninguna compañía siderúrgica necesita temer que otras compañías obtendrán una ventaja competitiva al desatender sus responsabilidades ambientales.
Del mismo modo, los participantes en juegos de laboratorio a menudo buscan maneras de regular su conducta para lo que saben sería su bien común. Los jugadores del Juego de las Nueces pueden acordar tomar sólo 1 o 2 nueces cada 10 segundos, dejando que el resto se regenere, o pueden elegir a un líder que decida la parte de cada persona. Así, regular la conducta es una solución para los dilemas sociales. Pero en la vida diaria la regulación tiene sus costos —los costos de administrar e imponer las regulaciones, los costos de disminuir la libertad personal. Por tanto surge una cuestión política volátil: ¿en qué punto el costo de la regulación excede a sus beneficios?
Lo pequeño es hermoso
Dados los costos de la regulación, ¿hay otras maneras de resolver los dilemas sociales? Una sugerencia: conservar pequeño el grupo. En los juegos de dilema de laboratorio, la gente que interactúa con otros grupos pequeños cooperan más que los que forman grupos grandes. En "comunes" pequeños, cada persona se siente más responsable, efectiva e identificada con el éxito del grupo. Aunque la identificación de grupo ocurre con mayor facilidad en los grupos pequeños, cualquier cosa que produzca en las personas un "sentimiento de nosotros" —aun unos cuantos minutos de discusión o la sola creencia de que uno comparte semejanzas con otros en el grupo— incrementará la cooperación.
En los grupos pequeños más que en los grandes, también es más probable que los individuos tomen sólo la parte que les corresponde de los recursos disponibles. En la isla Puget Sound donde crecí, nuestro pequeño vecindario compartía un suministro de agua comunal. En los cálidos días de verano cuando la reserva disminuía se encendía una luz, señalándoles a nuestras 15 familias que la conservaran. Al reconocer nuestra responsabilidad con los demás, y sentir que nuestra conservación en realidad importaba, cada uno de nosotros lo hacía. La reserva nunca se secó.
En "comunes" mucho más grandes —como una ciudad— la conservación voluntaria es menos exitosa. El daño que cada quien hace se difunde a través de muchos otros. Por tanto cada uno puede racionalizar la responsabilidad personal. Algunos teóricos políticos y psicólogos sociales argumentan en consecuencia que, cuando es factible, los "comunes" se deben dividir en territorios más pequeños. En su obra de 1902 Mutual Aid, el revolucionario ruso Pyotr Kropotkin consignó una visión de pequeñas comunidades que tomaran decisiones por consenso para beneficio de todos, con lo cual se podía reducir la necesidad de un gobierno central.
Comunicación
Para escapar de una trampa social las personas deben comunicarse. En el laboratorio, la comunicación de grupo en ocasiones degenera en amenazas y pleitos. Con mayor frecuencia, la comunicación permite que los grupos cooperen. La discusión del dilema forja la identidad de un grupo y permite a las personas comprometerse con la cooperación, con lo que a menudo ésta se duplica.
La comunicación abierta, clara y franca también reduce la desconfianza. Sin comunicación, quienes esperan que los demás no van a cooperar, por lo general, también se rehúsan a hacerlo. Alguien que desconfía tiende a ser poco cooperativo (para protegerse contra la explotación esperada). La falta de cooperación, a su vez, fomenta una mayor desconfianza ("¿Qué otra cosa podía hacer? Es un mundo canalla"). En diversos experimentos, la comunicación reduce la desconfianza y permite a las personas alcanzar acuerdos que conducen a su mejoramiento común.
Cambio de las recompensas
La cooperación surge cuando los experimentadores cambian la matriz de ganancias para hacer más recompensante la cooperación y menos recompensante la explotación. El cambio de las ganancias también ayuda a resolver dilemas reales. En algunas ciudades, las autopistas se aglomeran y los cielos se llenan de esmog debido a que las personas prefieren la conveniencia de conducir ellos mismos directamente hasta su trabajo. Cada uno piensa que un automóvil más no añade mucho al congestionamiento y a la contaminación. Para alterar los cálculos de costo-beneficio personales, muchas de estas ciudades ahora dan incentivos a los que comparten su automóviL como carriles de la autopista diseñados para su uso.
Apelación a las normas altruistas
En el capítulo acerca del altruismo mencionamos una norma de la responsabilidad social y vimos cómo el aumento de los sentimientos de responsabilidad de la gente por los demás fomenta el altruismo. ¿Por consiguiente, podemos asumir que apelar a motivos altruistas producirá que las personas actúen para el bien común? La evidencia es mixta. Por una parte, parece que el sólo conocer las espantosas consecuencias de no cooperar tiene poco efecto. En los juegos de dilema de laboratorio, las personas se dan cuenta de que sus elecciones de autoservicio son mutuamente destructivas, pero continúan haciéndolas. Fuera del laboratorio, las advertencias de destrucción y apelaciones a la conservación han producido pocos resultados. Poco después de asumir su cargo en 1976, el presidente Carter declaró que la respuesta de los Estados Unidos ante la crisis de energéticos debía ser "el equivalente moral de la guerra" e instó a la conservación. El verano siguiente, los estadounidenses consumieron más gasolina que nunca. Conocer el bien no conduce necesariamente a hacer el bien.
Aún así, la mayoría de la gente se adhiere a normas de responsabilidad social, reciprocidad, equidad y mantenimiento de los compromisos personales. El problema es cómo aprovechar dichos sentimientos. Cuando se les permite comunicarse, los participantes en juegos de laboratorio con frecuencia apelan a la norma de responsabilidad social: "Si usted deserta del resto de nosotros, tendrá que vivir con ello por el resto de su vida". Al notar esto, el investigador Robyn Dawes (1980) y sus asociados dieron a las personas un sermón breve acerca de beneficios grupales, explotación y ética. Entonces las personas jugaban un juego de dilema. La apelación funcionó: las personas se convencieron de renunciar a la ganancia personal inmediata por el bien común. (Recuerde que, también, del capítulo 13 [Altruismo], el trabajo voluntario y las desproporcionadas contribuciones caritativas provienen de las personas que escuchan sermones de manera regular en iglesias y sinagogas.)
¿Estas apelaciones podrían funcionar en dilemas a gran escala? Michael Lynn y Andrew Oldenquist (1986) creen que podrían. Cuando la cooperación sirve de modo evidente al bien público, por lo general se puede apelar a la norma de la responsabilidad social. Por ejemplo, los jugadores de básquetbol dejarán pasar un buen tiro para ofrecer un mejor tiro a un compañero de equipo. En la lucha por los derechos civiles, muchos manifestantes accederán gustosamente, por el bien de su grupo más grande, a sufrir hostigamiento, golpizas y prisión. En tiempo de guerra, las personas hacen grandes sacrificios personales por el bien de su grupo. Como dijo Winston Churchill de la batalla de Inglaterra, las acciones de los pilotos de la Real Fuerza Aérea fueron altruistas por el bien común: una gran cantidad de personas le deben mucho a aquellos que volaron en la batalla a pesar de saber la probabilidad tan alta de que no retornarían.
En resumen, podemos minimizar el entrampamiento destructivo en los dilemas sociales estableciendo reglas que regulen la conducta de autoservicio, manteniendo pequeños los grupos, permitiendo comunicarse a las personas, cambiando las ganancias para hacer más recompensante la cooperación y recurriendo a normas altruistas.
COMPETENCIA
En el capítulo 10 [Prejuicio] señalamos que las hostilidades raciales a menudo surgen cuando los grupos compiten por trabajos y vivienda. Cuando los intereses chocan, estalla el conflicto. Esto fue poderosamente evidente en el campo de Shantung, un campo de internamiento de la Segunda Guerra Mundial al que los militares japoneses invasores condujeron a los extranjeros que residían en China. Según uno de estos internados, el teólogo Langdon Gilkey (1966), la necesidad de distribuir la comida apenas suficiente y el espacio del piso provocaron conflictos frecuentes entre los médicos, misioneros, abogados, profesores, hombres de negocios, drogadictos y prostitutas. Los efectos de la competencia por espacio, trabajos y poder político han sido trágicamente evidentes en Irlanda del Norte donde, desde 1969, las hostilidades entre la mayoría protestante en el gobierno y la minoría católica han reclamado casi 3.000 vidas. (Una proporción comparable de la población estadounidense sería un número cercano a los 400.000 en los Estados Unidos y 40.000 en Canadá.)
Pero, ¿la competencia por sí misma provoca el conflicto hostil? Las situaciones de la vida real son tan complejas que es difícil asegurar nada. Si la competencia es en efecto responsable, entonces sería posible provocar conflicto en un experimento. Podríamos dividir al azar a las personas en dos grupos, hacerlos competir por un recurso escaso y ver lo que sucede. Esto es precisamente lo que hicieron Muzafer Sherif (1966) y sus colegas en una serie dramática de experimentos con muchachos típicos de 11 y 12 años de edad. La idea de realizar estos experimentos databa de que Sherif atestiguó, siendo adolescente, la invasión de su provincia turca por tropas griegas en 1919.
Empezaron a matar personas a diestra y siniestra. [Esto] me causó una gran impresión.
Desde entonces me interesé en comprender por qué suceden estas cosas entre seres humanos. . . Deseaba aprender cualquier ciencia o especialidad que fuera necesaria para comprender esta crueldad entre grupos.
Después de estudiar las raíces sociales de la crueldad, Sherif introdujo estos elementos esenciales en varias experiencias de campamentos de verano de tres semanas. En uno de estos estudios dividió a 22 muchachos de la ciudad de Oklahoma que no se conocían en dos grupos, se los llevó a un campamento Boy Scout en autobuses separados y los acomodó en cabañas separadas unos 800 metros. Durante la mayor parte de la primera semana, no se percataron de la existencia del otro grupo. Al cooperar en diversas actividades —preparar comidas, acampar, arreglar una alberca, construir un puente de cuerdas— cada grupo pronto se volvió muy unido. Se pusieron nombres: "Crótalos" y "Águilas". Simbolizando el buen sentimiento, apareció un letrero en una cabaña: "Hogar, Dulce Hogar".
Establecida por tanto la identidad del grupo, se puso el escenario para el conflicto. Hacia el final de la primera semana, los Crótalos "descubrieron a las Águilas en ‘nuestro’ campo de béisbol". Cuando el personal del campamento propuso entonces un torneo de actividades competitivas entre los dos grupos (juegos de béisbol, juegos de jalar cuerda, inspecciones de cabañas, búsqueda de tesoros, etcétera), ambos grupos respondieron con entusiasmo. Esta era una competencia de ganar o perder. Los botines (medallas, cuchillos) serían todos para el vencedor del torneo.
¿El resultado? El campo gradualmente degeneró en una guerra abierta. Fue como una escena de la novela de William Golding, El señor de las moscas, la cual describe la desintegración social de muchachos abandonados en una isla desierta. En el estudio de Sherif, el conflicto comenzó cuando cada uno de los bandos utilizó nombres despectivos para denominar al otro durante las actividades competitivas. Pronto la situación se escaló con "guerras de basura" en el comedor, quema de banderas, saqueos a las cabañas, incluso peleas a puñetazos. Cuando se les pidió a cada uno de los grupos que describieran al otro, los muchachos dijeron que "ellos" eran "viles", "sabihondos", "apestosos", mientras se referían al propio como "valiente", "rudo", "amigable".
La competencia ganar o perder había producido un conflicto intenso, imágenes negativas del exogrupo y una fuerte cohesión y orgullo endogrupo. Todo esto ocurrió sin ninguna diferencia cultural, física o económica entre los dos grupos y con muchachos que eran "la crema" de sus comunidades. Sherif señaló que si hubiéramos visitado el campamento en ese momento habríamos concluido que éstos "eran montones de adolescentes malvados, trastornados y viciosos". En realidad, su mala conducta se produjo por una mala situación. Por fortuna, como veremos, Sherif no sólo volvió enemigos a extraños; después hizo amigos a los enemigos.
INJUSTICIA PERCIBIDA
"¡Esto es injusto!" "¡Qué timo!" "¡Nosotros merecemos lo mejor!" Estos comentarios caracterizan a los conflictos producidos por la injusticia percibida. Pero, ¿qué es "justicia"? Según algunos teóricos psicosociales, las personas perciben la justicia como equidad —la distribución de recompensas en proporción con las contribuciones de los individuos. Si usted y yo tuviéramos una relación (patrón-empleado, profesor-estudiante, esposo-esposa, colega-colega), sería equitativa si:
Mis resultados = Sus resultados
Mis insumos Sus insumos
Si usted contribuye más y se beneficia menos que yo, usted se sentirá explotado e irritado; yo podría sentirme explotador y culpable. Las probabilidades son, sin embargo, que usted sea más sensible que yo a la inequidad.
Podemos estar de acuerdo con la definición de justicia del principio de equidad pero discrepar sobre si nuestra relación es equitativa. Si dos personas son colegas, ¿qué considerará cada una como un insumo relevante? El que es mayor puede favorecer basar el pago en la antigüedad, el otro, en la productividad actual. Dado este desacuerdo, ¿cuál definición es probable que prevalecerá? Con mayor frecuencia, quienes tienen poder social se convencen a sí mismos y convencen a los demás de que ellos merecen lo que están obteniendo. Carlos Marx anticipó este hallazgo: "las ideas de la clase dominante son en todas las épocas las ideas dominantes: es decir, la clase que es la fuerza material dominante de la sociedad es, al mismo tiempo, su fuerza intelectual dominante". A esto se le ha llamado la regla de "oro": es decir, quienquiera que tenga el oro hace las reglas.
Como sugiere esto, el explotador puede aliviar su culpa valorando o devaluando los insumos para justificar los resultados existentes. Algunos hombres pueden percibir el pago inferior de las mujeres como equitativo, dados los insumos "menos importantes" de ellas. Como señalamos en el capítulo 10, quienes infligen daño pueden incluso culpar a la víctima y, en consecuencia, mantener su creencia en un mundo justo.
¿Y los que son explotados? ¿Cómo reaccionan? Elaine Hatfield, William Walster y Ellen Berscheid (1978) detectaron tres posibilidades. Las personas explotadas pueden aceptar y justificar su posición inferior ("Somos pobres; es lo que merecemos, pero somos felices"). Pueden demandar compensación, quizá acosando, molestando, incluso estafando a su explotador. Si todo falla, pueden intentar restablecer la equidad con represalias, tal vez venganzas.
Una implicación interesante de la teoría de la equidad —una implicación que ha sido confirmada de manera experimental— es que cuanto más competentes y valiosas se sientan las personas (más valoren sus insumos) es más probable que sientan que un resultado dado es insuficiente y por tanto se desquiten. Las protestas sociales intensas por lo general provienen de aquellos que creen valer más de lo que reciben. Desde 1970, las oportunidades profesionales para las mujeres se han incrementado en forma significativa (página 208). De manera irónica, aunque comprensible para un teórico de la equidad, también han aumentado los sentimientos de las personas de que la posición de las mujeres no es equitativa
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CUADRO Los sondeos Gallup revelan un incremento en las percepciones de la desigualdad de género
Considerando todas las cosas, ¿quién tiene una vida mejor en este país:
los hombres o las mujeres?
1975 1989
Hombres 32% 49%
Mujeres 28 22
Igual 31 21
No opinó 9 8
Mientras las mujeres compararon sus oportunidades y sus ingresos con los de otras mujeres, por lo general se sintieron satisfechas. Ahora que es más probable que las mujeres se vean a sí mismas como iguales a los hombres, su sentido de la privación relativa ha crecido. Si el trabajo secretarial y la conducción de camiones tienen "valor comparable" (por las habilidades requeridas), entonces merecen un pago comparable; eso es equidad, dicen los defensores de la igualdad de género.
Los críticos argumentan que la equidad no es la única definición concebible de justicia. (Hagamos una pausa: ¿puede imaginar cualquier otro fundamento para definir la justicia?) Edward Sampson (1975) dice que los teóricos de la equidad asumen de manera errónea que los principios económicos que guían a las naciones capitalistas occidentales son universales. Algunas culturas no capitalistas definen la justicia no como la equidad sino como la igualdad o incluso la satisfacción de la necesidad: "A cada uno de acuerdo con sus capacidades, a cada uno de acuerdo con sus necesidades" (Carlos Marx). Cuando las recompensas se distribuyen entre los miembros de nuestro grupo, las personas socializadas bajo la influencia de culturas colectivistas, como en China e India, favorecen del mismo modo la necesidad o la igualdad más que los estadounidenses individualistas. Aun dentro de culturas individualistas, a veces definen la justicia criterios distintos a la equidad. En una familia o en una institución altruista, el criterio puede ser la necesidad. En una amistad, puede ser la igualdad. En una relación competitiva, el ganador puede tomar toda la recompensa.
En efecto, nuestros criterios de la justicia varían. Los hombres tienden a favorecer que las recompensas sean proporcionales al insumo, mientras que las mujeres se inclinan más hacia la igualdad. Cuando se les pide que dividan recompensas entre sí mismos y un compañero cuyo desempeño ha sido inferior, los hombres tienden a dividirlas equitativamente y las mujeres tienden a dividirlas 50-50.
Las condiciones también importan. Cuando se enfatiza la armonía social, a menudo prevalece una norma de igualdad. Los compañeros de dormitorio tienden a pasar por alto el mérito y a distribuir las recompensas de manera igual (Austin, 1980). Cuando se enfatiza la productividad o cuando se centra la atención en su responsabilidad en los resultados, las personas favorecen la equidad (Greenberg, 1979, 1980).
Diferentes sistemas de recompensa tienen efectos variados. Imagine que hay dinero extra disponible para su grupo de trabajo por sus esfuerzos en alguna tarea. ¿Bajo cuál sistema de pago trabajaría usted más duro? ¿ El ganador toma todo (quienquiera que se desempeñe mejor obtiene todo el extra)? ¿ Equidad (cada uno recibe su pago de acuerdo con su contribución)? ¿Igualdad (a todos se les paga lo mismo)? ¿O necesidad?
En una serie de experimentos, Morton Deutsch (1991) no encontró evidencia de que las personas produzcan más cuando sus ingresos individuales están vinculados con su desempeño. Los estudiantes de la Universidad de Columbia que participaron en estos experimentos parecían más motivados por su propia necesidad de sobresalir que por el mayor pago que potencialmente podrían ganar en las condiciones de que el ganador se lleva todo y de equidad.
Dado que el reforzamiento positivo motiva a la conducta y que muchas personas "viajarían gratis" con los esfuerzos de los demás, los críticos se preguntan qué tan aplicables son los hallazgos de Deutsch en las situaciones de trabajo cotidianas. Él señala que donde hay una propiedad cooperativa, la responsabilidad de los cotrabajadores inmediatos incrementa la motivación y disminuye el costo de supervisión. Deutsch también reporta que, en comparación con los sistemas de pago competitivos, los sistemas cooperativos de distribución de las recompensas tienen efectos más favorables en la moral del grupo, los sentimientos amigables y la autoestima. Más aún, aquellos que se preocupan más por la moral personal y de grupo tienen mayor probabilidad de preferir recompensas iguales o basadas en las necesidades. Esto ayuda a explicar por qué es mas probable que las mujeres prefieran recompensas con base en la igualdad o en las necesidades que los hombres. Las mujeres tienden a ser menos competitivas que los hombres y a preocuparse más por los sentimientos de los demás y por la armonía de las relaciones. ¿Qué tan universal es, entonces, la tendencia a definir la justicia como equidad? sor ¿Y con base en que deben ser distribuidas las recompensas? ¿Necesidad? ¿Igualdad? ¿Mérito? ¿Alguna combinación de éstos? Estas cuestiones todavía se debaten. Sin embargo, una cosa es clara: una fuente de conflicto humano es la variedad de percepciones de lo que es justo.
PERCEPCIÓN ERRÓNEA
Recuerde que el conflicto es una incompatibilidad percibida de acciones o metas. Muchos conflictos contienen tan sólo un pequeño núcleo de metas en verdad incompatibles; el problema mayor son las percepciones erróneas de los motivos y metas de los demás. Las Águilas y los Crótalos en efecto tenían algunas metas genuinamente incompatibles. Pero sus percepciones amplificaron de manera subjetiva sus diferencias.
En capítulos anteriores consideramos varios orígenes de esta percepción errónea. El sesgo de autoservicio lleva a los individuos y a los grupos a aceptar el crédito por sus buenas acciones y a desechar la responsabilidad por las malas acciones, sin conceder a otros el mismo beneficio de la duda. Una tendencia a la autojustificación inclina además a las personas a negar lo equivocado de actos malos que no se pueden desechar. Gracias al error fundamental de atribución, cada uno ve la hostilidad del otro como el reflejo de una disposición maligna. La persona entonces filtra la información y la interpreta para ajustarla a las propias preconcepciones. Los grupos con frecuencia polarizan estas tendencias sesgadas de autoservicio y autojustificación. Un síntoma del pensamiento grupal es la tendencia a percibir al propio grupo como moral y fuerte, y a la oposición como mala y débil. Los actos terroristas que son de una brutalidad despreciable para la mayoría de las personas son una "guerra santa" para otras. En efecto, el simple hecho de pertenecer a un grupo produce un sesgo endogrupal. Y los estereotipos negativos, una vez formados, a menudo son resistentes a la evidencia contradictoria.
Dados estos orígenes de la errónea percepción social, no debe sorprendemos, aunque debería tranquilizarnos, descubrir que las personas en conflicto forman imágenes distorsionadas unas de otras. Incluso los tipos de percepción errónea son curiosamente predecibles.
Percepciones de imagen en el espejo
En grado notable, las percepciones erróneas de los que interviene•n en un conflicto son mutuas. Atribuyen virtudes similares a sí mismos y defectos al otro. Cuando el psicólogo estadounidense Urie Bronfenbrenner (1961) visitó la Unión Soviética en 1960 y conversó en ruso con muchos ciudadanos comunes, se sorprendió al escucharlos decir las mismas cosas sobre los Estados Unidos que los estadounidenses decían acerca de la U.R.S.S. Los soviéticos decían que el gobierno de los Estados Unidos era agresivo militarmente, que explotaba y engañaba al pueblo estadounidense, que en diplomacia no eran confiables. "lenta y dolorosamente, se imponía que la imagen distorsionada que tenían los rusos de nosotros era, curiosamente similar a nuestra opinión de ellos —una imagen en el espejo—".
Los análisis de las percepciones estadounidenses y soviéticas realizados por psicólogos (como Ralph White, 1984) y científicos políticos (como Robert Jervis. 1985) indican que las percepciones de imagen en el espejo persistieron hasta la década de 1980. El gobierno estadounidense consideró la participación soviética en Afganistán de manera muy parecida a como vio el gobierno soviético la participación estadounidense en Vietnam. Cuando los soviéticos vieron "belicismo" estadounidense en el apoyo de la guerrilla que trataba de derrocar al gobierno de Nicaragua, del mismo modo consideraron los estadounidenses el apoyo a la guerrilla del "imperio maligno" comunista que trataba de derrocar al gobierno salvadoreño. Un favoritismo endogrupal similar ocurre con actos positivos: los estudiantes estadounidenses percibieron el esfuerzo de su propio país para salvar a las ballenas que se abrían paso a través del hielo, como más altruista y menos de autoservicio que el mismo acto realizado por la Unión Soviética. Pero los observadores neutrales —estudiantes canadienses— atribuyeron las acciones realizadas por los Estados Unidos y la Unión Soviética a motivos similares.
Estas percepciones de imagen en el espejo alimentaron la carrera armamentista. Estudios de políticos y de declaraciones políticas revelan que las personas en ambas naciones 1) preferían el desarme mutuo que cualesquier otro resultado, 2) deseaban sobre todo evitar desarmarse mientras la otra parte seguía armada, pero 3) percibían que la otra parte prefería alcanzar la superioridad militar. Por tanto, aunque ambas naciones declaraban preferir el desarme, ambas se sentían obligadas a armarse para contrarrestar la concentración de armamento del otro.
En tiempos de tensión —como predomina durante la crisis internacional— el pensamiento racional se vuelve más difícil. Los puntos de vista del enemigo se vuelven más simplistas y estereotipados, y se vuelven más probables los juicios forzados y prematuros. El psicólogo social Philip Tetlock (1988) observó este fenómeno cuando analizó la complejidad de la retórica soviética y estadounidense desde 1945. Durante el bloqueo de Berlin, la guerra de Corea y la invasión soviética de Afganistán, las declaraciones políticas se simplificaron a terminos rigidos de bueno contra malo. En otros momentos —notablemente después de que Mikhail Gorbachev se convirtió en secretario general (figura 14-4)— las declaraciones políticas reconocían que los motivos de cada país eran complejos.
Estos cambios, lejos de la retórica simplista de nosotros somos buenos ellos son malos, típicamente precedían a nuevos acuerdos entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, reporta Tetiock. Su optimismo se confirmó cuando el presidente Reagan viajó en 1988 a Moscú para firmar el tratado estadounidense-soviético de la fuerza nuclear de alcance intermedio (FNI), y luego Gorbachev visitó Nueva York y dijo ante las Naciones Unidas que transferiría a 500.000 tropas soviéticas del este de Europa y sugirió:
Deberíamos buscar de manera conjunta la forma de llegar a la supremacía de la idea humana universal sobre la multitud interminable de fuerzas centrífugas. . . Me gustaría creer que nuestras esperanzas serán igualadas por nuestro esfuerzo conjunto para poner fin a una era de guerras, confrontación y conflictos regionales, a las agresiones contra la naturaleza, al terror del hambre y la pobreza así como de terrorismo político. Este es nuestro objetivo común y sólo lo podemos alcanzar juntos.
Gorbachev mostró el estilo de pensamiento complejo que facilita alcanzar acuerdos mutuamente benéficos. Pero, como muestra el colapso de la ex Unión Soviética, aun los pensadores complejos pueden ser abrumados por problemas económicos dificiles de resolver y conflictos de interés.
Sin embargo, cuando ambas partes tienen percepciones que chocan, al menos una de las dos está percibiendo erróneamente a la otra. Y cuando existen estas percepciones erróneas, señaló Bronfenbrenner, "es un fenómeno psicológico sin paralelo en la gravedad de sus consecuencias. . . ya que la característica de estas imágenes es que se confirman a sí mismas". Como hemos visto, si A espera que B sea hostil, A puede tratar a B de tal manera que B cumpla las expectativas de A, comenzando por tanto un círculo vicioso. Morton Deutsch (1986) explicó:
Usted escucha el falso rumor de que un amigo está diciendo cosas feas de usted; usted lo desprecia; él entonces habla mal de usted, confirmando su expectativa. Del mismo modo, silos que establecen las políticas del Oriente y el Occidente creen que la guerra es probable y, en consecuencia, intentan aumentar su seguridad militar en relación con el otro, la respuesta del otro justificará el movimiento inicial.
Algunos observadores del conflicto árabe-israelita concluyeron que las percepciones de imagen en el espejo negativas son el principal obstáculo para la paz. Ambos lados insisten en que "nosotros" estamos motivados por nuestra necesidad de proteger nuestra seguridad y nuestro territorio, mientras que "ellos" desean eliminarnos y engullirse nuestra tierra. Ambos lados tienen dificultad para apreciar cómo sus propias acciones sostienen el temor y el enojo del otro. Dada esta desconfianza intensa, es difícil la negociación.
Irlanda del Norte, también, sufre de percepciones de imagen en el espejo. En la Universidad de Ulster, J. A. Hunter y sus colegas (1991) mostraron a estudiantes católicos y protestantes videograbaciones de un ataque protestante en un funeral católico y un ataque católico en un funeral protestante. La mayoría de los estudiantes atribuyeron el ataque del otro lado a motivos "sanguinarios" pero atribuyeron el ataque de su propio lado a represalias o defensa propia. Los musulmanes y los hindúes en Bangladesh exhiben las mismas percepciones sesgadas que favorecen al endogrupo.
Las percepciones de imagen en el espejo destructivas también operan en conflictos entre grupos pequeños y entre individuos. Como vimos en los juegos de dilema, ambas partes pueden decir: "Deseamos cooperar, pero su negativa a cooperar nos obliga a reaccionar de manera defensiva". En un estudio de ejecutivos, Kenneth Thomas y Louis Pondy (1977) descubrieron atribuciones de autoservicio similares. Cuando se les pidió describir un conflicto significativo reciente, el 12% sintió que la otra parte era cooperativa, aunque el 74% se percibió a sí mismos como cooperativos. Los ejecutivos explicaron que ellos habían "sugerido", "informado" y "recomendado", mientras que sus antagonistas habían "exigido", "estado en desacuerdo con todo lo que dije" y "rechazado".
Los conflictos internacionales se alimentan y prolongan por una ilusión de que los líderes máximos del enemigo son malos y coercitivos, mientras que su pueblo, aunque controlado y manipulado, está a favor de nosotros. Esta percepción del líder malo-pueblo bueno caracterizó a los puntos de vista estadounidenses y soviéticos uno del otro durante la guerra fría. Del mismo modo, los Estados Unidos entraron a la guerra de Vietnam seguros de que en las áreas dominadas por los "terroristas" comunistas del Vietcong muchas de las personas eran sus aliados y los esperaban. Como reveló después información censurada, estas creencias eran sólo ilusiones. Ralph Wiúte se preguntó: "Supongamos que nuestros políticos hubieran sabido que la mayoría de las personas emocionalmente implicadas [vietnamitas] estaban contra nosotros, y que lo hubieran sabido con certeza, en el momento en que estaban realizando esos compromisos fatídicos y arriesgando el prestigio estadounidense en el resultado... ¿Tendríamos todos ahora la tragedia de la guerra de Vietnam?.. . Lo dudo." Otro tipo de percepción de imagen en el espejo es la exageración de cada lado de la posición del otro. Las personas con opiniones opuestas en cuestiones tales como el aborto y la pena de muerte a menudo difieren menos de lo que suponen. Cada lado sobrestima lo extremo de los puntos de vista del otro y asume que nuestras creencias resultan de los hechos mientras que sus creencias dictan su interpretación de los hechos.
Percepciones cambiantes
Si las percepciones erróneas acompañan al conflicto, entonces deberían aparecer y desaparecer conforme los conflictos sufren altibajos. Y lo hacen, con sorprendente facilidad. Los mismos procesos que crean la imagen del enemigo pueden invertir esa imagen cuando el enemigo se convierte en aliado. Por tanto los "sanguinarios, crueles, dientones y chaparros japoneses" de la Segunda Guerra Mundial se volvieron, poco después —en las. mentes y en los medios masivos de comunicación estadounidenses—, nuestros "inteligentes, trabajadores, autodisciplinados, ingeniosos aliados". Nuestros aliados de la Segunda Guerra Mundial, los soviéticos, entonces se convirtieron en los "belicosos, traicioneros".
Los alemanes, a quienes los estadounidenses odiaban al término de las dos guerras mundiales, luego los admiraban y después otra vez los odiaban, fueron admirados una vez más —aparentemente ya sin el tormento de lo que antes se consideró crueldad en su carácter nacional—. En tanto Irak estuvo atacando a Irán muchas naciones lo apoyaron. El enemigo de nuestro enemigo es nuestro amigo. Cuando Irak terminó su guerra con Irán e invadió al rico en petróleo Kuwait, la conducta de Irak, incluyendo su uso previo de armas químicas y la masacre de su pueblo curdo, de repente se volvió "bárbara". Claramente, nuestras imágenes de nuestros enemigos no sólo justifican nuestras acciones sino también se adaptan a ellas con sorprendente facilidad.
El grado de las percepciones erróneas durante el conflicto proporciona un recordatorio espeluznante de que las personas no necesitan ser enfermos mentales o ser anormalmente malvadas para formarse imágenes distorsionadas y diabólicas de sus antagonistas. Cuando estamos en conflicto con otra nación, otro grupo o simplemente un compañero de dormitorio o un padre, con rapidez desarrollamos percepciones erróneas que nos permiten percibir nuestros propios motivos y acciones como buenas por completo y los del otro como malas por completo. Nuestros antagonistas por lo general forman una percepción de imagen en el espejo de nosotros. De modo que el conflicto continúa hasta que algo nos permite quitarnos nuestras percepciones erróneas y trabajar en la reconciliación de nuestras diferencias reales.
• PACIFICACIÓN
Hemos visto cómo se encienden los conflictos: por trampas sociales, injusticias percibidas, competencia y percepciones sociales erróneas. El panorama parece inexorable —pero no desesperanzado—. En ocasiones las hostilidades evolucionan en amistades, los conflictos en armonía. Los psicólogos sociales se han enfocado en cuatro estrategias para ayudar a los enemigos a volverse camaradas. Podemos recordarlas como las cuatro C de la pacificación: contacto, cooperación, comunicación, conciliación.
CONTACTO
¿Colocar a dos individuos o grupos en conflicto en contacto cercano podría permitirles conocerse mejor y agradarse entre sí? Hemos mencionado previamente algunas razones por las que podría. En el capítulo 12 vimos que la proximidad —y la interacción, anticipación de la interacción y simple exposición acompañantes— fomenta el agrado. En el capítulo 4, señalamos que la reciente disminución en el prejuicio racial evidente en los Estados Unidos se acercó a la integración, mostrando que "las actitudes siguen a la conducta". Si este principio psicosocial ahora parece obvio, recuerde: ésta es la manera en que parecen por lo general las cosas —una vez que se conocen—. Para la Suprema Corte de los Estados Unidos en 1896, la idea de que la conducta integrada pudiera influir en las actitudes raciales era cualquier cosa menos obvia. Lo que parecía obvio en esa época era que "la legislación es impotente para erradicar los instintos raciales".
Durante los últimos 30 años en los Estados Unidos, la segregación y el prejuicio han disminuido juntos. Pero, ¿fue el contacto interracial la causa de que mejoraran estas actitudes? ¿Quienes en realidad experimentaron la integración fueron afectados por ella?
¿La integración mejora las actitudes raciales?
La integración escolar ha producido beneficios mensurables, tales como la pequeña mejoría en el aprovechamiento en lectura de los negros (sin costos en el aprovechamiento de los blancos), conduciendo a que más negros asistan a la universidad con éxito. ¿La integración de vecindarios, lugares de trabajo y escuelas produce también resultados sociales favorables? La evidencia es mixta.
Por una parte, muchos estudios realizados durante y poco después de la integración que siguió a la Segunda Guerra Mundial encontraron una mejoría marcada en las actitudes de los blancos hacia los negros. Fueran las personas dependientes de tiendas departamentales y clientes, marinos mercantes, empleados de gobierno, oficiales de policía, vecinos o estudiantes, el contacto racial condujo a una disminución del prejuicio. Por ejemplo, cerca del final de la Segunda Guerra Mundial, el ejército integró de manera parcial a algunas de sus compañías de fusileros. Cuando se les preguntó su opinión respecto a dicha integración, el 11% de los soldados blancos en compañías segregadas y el 60% de aquellos en compañías integradas lo aprobaron.
Cuando Morton Deutsch y Mary Collins (1951) sacaron ventaja de un experimento natural hecho a la medida, observaron resultados similares. De acuerdo con la ley estatal, la ciudad de Nueva York integró sus unidades de vivienda pública; se asignaron familias a los departamentos sin distinción de raza. En un desarrollo similar en Newark, se asignaron negros y blancos a edificios separados. Cuando se encuestó a las mujeres blancas en el desarrollo integrado tuvieron una probabilidad mucho mayor de favorecer la vivienda interracial y de decir que habían mejorado sus actitudes hacia los negros. Los estereotipos exagerados se habían debilitado frente a la realidad. Como lo planteó una mujer: "En realidad ha llegado a gustarme. Los veo tan humanos como nosotros".
Estos hallazgos alentadores inflúyeron en la decisión de la Suprema Corte en 1954 de integrar las escuelas de los Estados Unidos y ayudaron a alimentar el movimiento de los derechos civiles de la década de 1960. Sin embargo, estudios de los efectos de la integración en las escuelas han sido menos alentadores. El psicólogo social Walter Stephan (1986) revisó todos estos estudios y concluyó que las actitudes raciales han sido poco afectadas por la integración. En algunas ocasiones la integración ha conducido a un aumento del prejuicio (sobre todo de los blancos hacia los negros) y en otras a una disminución del prejuicio (sobre todo de los negros hacia los blancos). Pero en balance los efectos son mínimos tanto para los estudiantes negros como para los blancos. Para los negros la consecuencia más notable de la integración de las escuelas es a largo plazo —el aumento en la probabilidad de inscribirse en colegios integrados (o predominantemente blancos), de vivir en vecindarios integrados y de trabajar en sitios integrados.
Muchos programas de intercambio estudiantil han tenido, del mismo modo, efectos positivos menores a los esperados en las actitudes de los estudiantes hacia sus países anfitriones. Por ejemplo, cuando ansiosos estudiantes estadounidenses estudian en Francia, a menudo viviendo con otros estudiantes de su país, hace que sus estereotipos de los franceses tiendan a no mejorar. Algunos lectores pueden desconcertarse por esta evidencia conflictiva: algunas veces la integración mejora las actitudes raciales, otras no. Esos desacuerdos excitan el espíritu detectivesco de los científicos. Cuando una serie de resultados de investigación señala hacia una conclusión y otra hacia una distinta, probablemente esté funcionando un factor importante. Hasta aquí, hemos estado agrupando junta a toda la integración, pero la integración real ocurre de muchas formas y en condiciones muy diferentes.
¿Cuándo la integración mejora las actitudes raciales?
Para discernir las diferencias cruciales entre nuestros dos conjuntos de estudios, podríamos compararlas en detalle. Pero hay un método más simple. Con base en teorías desarrolladas a partir de la investigación de laboratorio, podemos especular cuáles factores podrían marcar una diferencia y luego ver si éstos están presentes en efecto en una serie de estudios pero no en la otra.
Regresemos a donde comenzamos: ¿la cantidad de contacto interracial es un factor? En efecto parece serlo. Los investigadores han ido a docenas de escuelas integradas y han observado con quién comen, holgazanean y platican los niños de una determinada raza. Aunque menos decisivo que el sexo, la raza es un factor potente. Los blancos se asocian con blancos de manera desproporcionada, los negros con negros. Los programas de seguimiento académico a menudo amplifican la segregación al separar a los estudiantes blancos académicamente aventajados en clases donde predominan los blancos. Los investigadores Andrew Sagar y Janet Ward Schofield (1980) concluyeron que "el simple hecho de colocar juntos a grupos divididos en la misma escuela ofrece poca esperanza de disipar los malos entendidos, prejuicios y temores que siguen dividiendo al pueblo estadounidense".
En contraste, los estudios alentadores más antiguos de dependientes, soldados y vecinos de proyectos de vivienda implican un contacto interracial considerable. Otros estudios que implicaban un contacto personal prolongado —entre prisioneros blancos y negros y entre muchachas blancas y negras en un campamento de verano interracial—mostraron beneficios similares.
Los psicólogos sociales que defendieron la integración nunca pretendieron que el contacto de cualquier clase mejorada las actitudes; Esperaban resultados menos favorables cuando los contactos fueran competitivos, no estuvieran apoyados por las autoridades y fueran desiguales. Antes de 1954, muchos blancos prejuiciados tenían un contacto amplio con negros —con estos últimos en papeles subordinados como limpiabotas y trabajadores domésticos—. Como vimos en el capítulo 10 [Prejuicio], los contactos con esta base desigual fomentan actitudes que simplemente justifican la permanencia de estas relaciones. De modo que es importante que las personas en contacto tengan una posición igual. Los contactos entre los dependientes, los soldados, los vecinos, los prisioneros, los campistas de verano fueron de este tipo.
Esta clase de contacto ha estado ausente en las escuelas integradas: los investigadores reportan que los estudiantes blancos a menudo son más activos, más influyentes, más exitosos. Cuando una muchacha negra de séptimo grado, de una escuela académicamente inferior, es colocada de pronto en una secundaria blanca de clase media con profesores blancos de clase media que esperan menos de ella, es muy probable que sea percibida por sus compañeros de clase y por sí misma con una posición académica inferior.
COOPERACIÓN
Aunque el contacto de posición igual puede ayudar, en ocasiones no es suficiente. No ayudó cuando Sherif detuvo la competencia de las Águilas contra los Crótalos y reunió a los grupos para actividades no competitivas, como ver películas, encender fuegos artificiales y comer. Para ese momento, su hostilidad era tan fuerte que el simple contacto proporcionaba la oportunidad de mofarse y atacar. Cuando un Águila tropezaba con un Crótalo, sus compañeros Águilas lo urgían a "quitarse la suciedad". Era obvio que integrar a los dos grupos difícilmente hubiera promovido su integración social.
Dadas tales hostilidades atrincheradas, la pacificación parece imposible. ¿Qué puede hacer un pacificador? Piense otra vez en la integración exitosa y la fracasada. La mezcla racial de compañías de fusileros en el ejército no sólo puso en contacto a negros y blancos en la misma posición, sino que también los hizo interdependientes. Juntos, peleaban contra un enemigo común, y luchaban para conseguir una meta compartida.
Esta interdependencia contrasta con la situación competitiva en un salón de clases típico, integrado o no. Los estudiantes compiten por buenas calificaciones, aprobación del profesor y diversos honores y privilegios. ¿La siguiente escena es familiar? El profesor hace una pregunta. Se levantan las manos de varios estudiantes; otros permanecen quietos, con la mirada baja, tratando de hacerse invisibles. Cuando el profesor cede la palabra a uno de los rostros ansiosos, los demás esperan una respuesta incorrecta que les dé la oportunidad de exhibir su conocimiento. Los que no responden correctamente y los que miran hacia abajo se sienten como perdedores en este deporte académico y a menudo se resienten con los que tienen éxito y pueden menospreciarlos. Este tipo de situación crece con la competencia y con las dolorosas desigualdades de posición obvias; difícilmente se podría diseñar algo mejor para crear divisiones entre los niños.
¿Esto sugiere un segundo factor que predice si el efecto de la integración será favorable? ¿El contacto competitivo divide y el contacto cooperativo une? Consideremos lo que sucede con personas que enfrentan un apuro común o trabajan juntas hacia una nieta compartida.
Amenazas externas comunes
Junto con otros, ¿alguna vez ha sido usted víctima del clima, se le ha hostigado como parte de su iniciación en un grupo, ha sido castigado por un profesor, o perseguido y ridiculizado debido a su identidad social, racial o religiosa? Si es así, puede recordar sentirse cercano a aquellos que comparten el apuro con usted. Quizá se derribaron las barreras sociales previas mientras se ayudaban entre sí a cavar la nieve o luchaban juntos para enfrentar a su enemigo común.
Esta disposición a ser amistoso es común entre quienes experimentan una amenaza compartida. John Lanzetta (1955) observó esto cuando puso a grupos de cuatro hombres de cadetes navales a trabajar en tareas de solución de problemas y después les informó por un altavoz que sus respuestas eran incorrectas, su productividad inexcusablemente baja y su pensamiento estúpido. Otros grupos no recibieron este hostigamiento. Lanzetta observó que los miembros del grupo bajo coacción se volvieron más amigables entre sí, más cooperativos, menos discutidores, menos competitivos. Estaban en esto juntos y el resultado fue un espíritu de cohesión. El efecto unificador de tener un enemigo común también fue evidente en los grupos de muchachos competidores en los experimentos de campamento de Sherif y en muchos experimentos subsecuentes. Los conflictos contra Alemania y Japón durante la Segunda Guerra Mundial, contra la Unión Soviética durante la guerra fría, contra Irán durante 1980 y contra Irak durante 1991, despertaron los sentimientos de patriotismo de los estadounidenses y aumentaron su sentido de unidad. Los soldados que enfrentan juntos el combate a menudo mantienen vínculos de por vida con sus camaradas. a Pocas cosas unen tanto a las personas como sentir un odio común.
Las épocas de contienda interracial pueden ser, por consiguiente, tiempos de un aumento del orgullo de grupo. Para los estudiantes universitarios chinos en Toronto enfrentar la discriminación aumenta su sentido de parentesco con otros compatriotas. Con sólo recordarles a un exogrupo (digamos, una escuela rival) aumenta la respuesta de las personas a su propio grupo. Cuando estamos profundamente conscientes de quiénes son "ellos", también sabemos quiénes somos "nosotros".
Los líderes pueden incluso crear un enemigo externo amenazador como una técnica para desarrollar la cohesión del grupo. La novela 1984 de George Orwell ilustra la táctica: el líder de la nación protagonista usa conflictos fronterizos con las otras dos potencias principales para disminuir los conflictos intemos. De tiempo en tiempo el enemigo cambia, pero siempre hay un enemigo. En efecto, la nación parece necesitar un enemigo. Para el mundo, para una nación, para un grupo, tener un enemigo común es poderosamente unificador. El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores soviético Gennady Gerasimov (1988) reconoció esto durante la reunión Reagan-Gorbachev en Moscú. "Vamos a hacerles algo espantoso", explicó a una audiencia televisiva estadounidense. "Vamos a privarlos de un enemigo."
Metas supraordenadas
Íntimamente
relacionado con el poder unificador de una amenaza externa está
el poder unificador de las metas supraordenadas, metas obligatorias para todos
en un grupo y que requieren de esfuerzo cooperativo. Para promover la armonía
entre sus campistas en lucha, Sherif introdujo estas metas. Creó un problema con
el suministro de agua del campamento que hacía necesaria su cooperación para
restablecerla. Cuando se les dio una oportunidad para rentar una película, una
lo bastante costosa como para requerir los recursos conjuntos de ambos grupos,
de nuevo cooperaron. Cuando un camión se "averió" en una excursión del
campamento, un miembro del personal por casualidad dejó cerca la cuerda para
jugar, incitando a un muchacho a sugerir que todos jalaran el camión para que
encendiera. Cuando encendió, una celebración de palmadas en la espalda siguió a
la victoria de "jalar la cuerda contra el camión".
Después de trabajar juntos para lograr estas metas supraordenadas, los muchachos comenzaron a comer juntos y a disfrutar alrededor de una fogata. Las amistades surgieron a través de las líneas de los grupos. Las hostilidades desaparecieron. En el último día, los muchachos decidieron viajar juntos en un autobús de regreso a su casa. Durante el viaje ya no se sentaron en grupos. Conforme el autobús se acercaba a la ciudad de Oklahoma y a su hogar, ellos, como uno solo, cantaron de manera espontánea "Oklahoma" y luego se despidieron de sus amigos. Con aislamiento y competencia. Sherif convirtió a extraños en enemigos acérrimos. Con metas supraordenadas, convirtió a los enemigos en amigos.
¿Los experimentos de Sherif son un simple juego de niños? ¿O aunar esfuerzos para lograr metas supraordenadas también puede ser benéfico con adultos en conflicto? Robert Blake y Jane Mouton (1979) se lo preguntaron. Así que, en una serie de experimentos de dos semanas que implicaron a más de 1.000 ejecutivos en 150 grupos diferentes, recrearon las características esenciales de la situación experimentada por los Crótalos y las Águilas. Cada grupo se dedicó primero a actividades por su cuenta, luego compitió con otro grupo y luego cooperó con el otro grupo para trabajar hacia metas supraordenadas elegidas en forma conjunta. Sus resultados fueron en efecto similares a los de Sherif, proporcionando, en palabras de los investigadores, "Evidencia inequívoca de que las reacciones de los adultos se comparan con las de los sujetos más jóvenes de Sherif".
Extendiendo estos hallazgos, Samuel Gaertner, John Dovidio y sus colaboradores (1989, 1990, 1991) reportaron que trabajar de forma cooperativa tiene efectos especialmente favorables en condiciones que llevan a las personas a definir un nuevo grupo inclusivo que disuelve sus anteriores subgrupos. Si, por ejemplo, los miembros de dos grupos se sientan en forma alternada alrededor de una mesa (en vez de en lugares opuestos), le dan a su nuevo grupo un nombre único y luego trabajan juntos, sus antiguos sentimientos de prejuicio contra los que antes eran extraños disminuirán. "Nosotros" y "ellos" se vuelve "nosotros Durante la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos y la U.R.S.S., junto con otras naciones, formaron un grupo unido llamado los Aliados para combatir a las potencias del Eje, Alemania, Italia y Japón. Mientras duró la meta supraordenada de vencer a un enemigo común, también duraron las actitudes de apoyo estadounidenses hacia los soviéticos.
Recuérdese que los esfuerzos cooperativos de los Crótalos y las Águilas terminaron con éxito. ¿Habría surgido la misma armonía si el agua hubiera seguido escaseando, si no hubieran podido costear la película, si el camión hubiera seguido descompuesto? Probablemente no. En experimentos con estudiantes de la Universidad de Virginia, Stephen Worchel y sus asociados (1977. 1978, 1980) confirmaron que la cooperación exitosa entre dos grupos incrementa su atracción mutua. Sin embargo, si los grupos antes en conflicto fallan en su esfuerzo cooperativo y si las condiciones les permiten atribuirse su fracaso entre sí, el conflicto puede empeorar. Los grupos de Sherif ya sentían hostilidad mutua. Por tanto, si el propósito de reunir fondos suficientes para la película hubiera fracasado, se podría haber atribuido a la "tacañería" y "egoísmo" de alguno de los grupos. Esto habría exacerbado el conflicto en lugar de aliviarlo.
Aprendizaje cooperativo
Hasta aquí hemos señalado los beneficios sociales aparentemente exiguos de la integración escolar típica y los beneficios sociales aparentemente dramáticos de los contactos cooperativos exitosos entre miembros de grupos rivales. ¿Reunir estos dos hallazgos podría sugerir una alternativa constructiva a las prácticas de integración tradicionales? Varios equipos de investigación independientes especulan que sí. Cada uno se preguntó si, sin restringir el aprovechamiento académico, podríamos promover amistades interraciales reemplazando las situaciones competitivas de aprendizaje por otras que fueran cooperativas. Dada la diversidad de sus métodos, los resultados positivos de manera consistente son notables y muy alentadores.
¿Tienen menos prejuicios los estudiantes que participan en actividades cooperativas existentes, como los equipos atléticos y los proyectos de clase interraciales? Robert Slavin y Nancy Madden (1979) analizaron datos de encuesta de 2.400 estudiantes en 71 preparatorias de los Estados Unidos y hallaron resultados alentadores. Aquellos de razas diferentes que juegan y trabajan juntos tienen mayor probabilidad de reportar tener amigos de otra raza y de expresar actitudes raciales positivas. Charles Green y sus colegas (1988) confirmaron esto en un estudio de 3200 estudiantes de enseñanza media de Florida. Comparados con estudiantes de escuelas tradicionales competitivas, los que estaban en escuelas que enfatizaban los "equipos" de aprendizaje interraciales tuvieron actitudes raciales más positivas.
A partir de este hallazgo correlacional, ¿podemos concluir que la actividad interracial cooperativa mejora las actitudes raciales? Una manera de averiguarlo es experimentar. Designar al azar a algunos estudiantes, pero a otros no, para trabajar juntos en grupos mezclados racialmente. Slavin (1985) y sus colegas desarrollaron una manera de dividir las clases en equipos interraciales, cada uno compuesto de cuatro o cinco estudiantes de todos los niveles de aprovechamiento. Los integrantes del equipo se sientan y estudian una variedad de temas juntos y al final de cada semana compiten con los otros equipos en un torneo en clase. Todos los integrantes contribuyen en la puntuación del equipo al hacerlo bien, a veces compitiendo contra otros estudiantes cuyos logros recientes son similares a los suyos, a veces compitiendo con sus propias puntuaciones anteriores. Todos tienen una oportunidad de éxito. Más aún, se motiva a los integrantes del equipo a ayudarse entre sí para prepararse para el torneo semanal -enseñándose mutuamente fracciones, ortografía o acontecimientos históricos— cualquiera que sea el siguiente evento. Más que aislar a los estudiantes, la competencia de equipos los hace tener contacto estrecho y brindarse mutuo apoyo.
Otro equipo de investigación, dirigido por Elliot Aronson, produjeron una cooperación de grupo semejante con una técnica de "rompecabezas". En experimentos en escuelas elementales de Texas y California, asignaron niños a grupos de seis integrantes racial y académicamente diversos. El tema se dividía entonces en seis partes y cada estudiante se convertía en experto en su parte. En una unidad sobre Chile, un estudiante podría ser el experto en la historia de Chile, otro en su geografía, otro en su cultura y así sucesivamente. Primero, los diversos "historiadores", "geógrafos", etcétera, se reunían para dominar su material. Luego cada uno regresaba a su grupo inicial para enseñar a sus compañeros. Cada miembro del grupo tenía, por así decirlo, una pieza del rompecabezas. Los estudiantes seguros de sí mismos, por consiguiente, tenían que escuchar y aprender de los estudiantes reticentes, quienes a su vez pronto se daban cuenta de que tenían algo importante que ofrecer a sus compañeros. Otros equipos de investigación —dirigidos por David Johnson y Roger Johnson en la Universidad de Minnesota, Elizabeth Cohen (1980) en la Universidad de Stanford, Shlomo Sharan y Yael Sharan (1976) en la Universidad de Tel Aviv y Stuart Coolc (1985) en la Universidad de Colorado— han diseñado métodos adicionales para el aprendizaje cooperativo.
A partir de toda esta investigación, ¿qué podemos concluir? Con el aprendizaje cooperativo, los estudiantes no sólo aprenden el material sino también otras lecciones. Los investigadores hablan por sí mismos: Slavin (1980) dijo que el aprendizaje cooperativo es un "medio efectivo de aumentar las relaciones raciales positivas y el aprovechamiento en escuelas integradas". Aronson reportó que "los niños en los salones de clase interdependientes tipo rompecabezas llegan a agradarse más entre sí, a desarrollar un gusto mayor por la escuela y a desarrollar una mayor autoestima que los niños en salones de clase tradicionales".
Los investigadores también señalan que las amistades interraciales comienzan a florecer, que mejoran las calificaciones de los exámenes de los estudiantes de grupos minoritarios (quizá debido a que el aprovechamiento académico ahora es apoyado por los compañeros) y que muchos profesores continúan usando aprendizaje cooperativo después de que terminan los experimentos. "Es evidente", escribió el experto en relaciones raciales John McConahay (1981), que el aprendizaje cooperativo "es la práctica más efectiva para mejorar las relaciones raciales en escuelas integradas que conocemos hasta la fecha". Tan alentadores fueron los resultados que más de 25.000 profesores pronto estaban usando el aprendizaje cooperativo interracial en sus salones de clase (Kohn, 1987).
¿Debimos haberlo "sabido todo el tiempo"? En la época de la decisión de 1954 de la Suprema Corte, Gordon Allport habló por muchos psicólogos sociales al predecir: "El prejuicio.. . se puede reducir por el contacto de posición igual entre los grupos mayoritario y minoritario en la persecución de metas comunes". Por desgracia, la integración escolar rara vez satisface estas condiciones. Los experimentos de aprendizaje cooperativo han confirmado la perspicacia de Allport. Robert Slavin (1985) por consiguiente es optimista: "Treinta años después de que Allport estableció los principios básicos que operaron en métodos de aprendizaje cooperativo, finalmente tenemos métodos prácticos probados para implantar la teoría del contacto en el salón de clases integrado."
Así, debido a que los contactos cooperativos en posiciones iguales ejercen influencia positiva en los campistas, los ejecutivos industriales, los estudiantes universitarios y los niños escolares, ¿podemos asumir que el principio se extiende a todos los niveles de las relaciones humanas? ¿Las familias se unifican al sumar sus esfuerzos para cultivar la tierra, restaurar una casa antigua o navegar en un balandro? ¿Se forja una identidad común por levantar un cobertizo, cantar en grupo o vitorear a un equipo de fútbol? ¿El entendimiento internacional se fomenta por la colaboración internacional en la ciencia y en el espacio, por los esfuerzos conjuntos para alimentar al mundo y conservar sus recursos, por los contactos personales amistosos entre personas de naciones diferentes? Todo indica que la respuesta a todas estas interrogantes es sí. Por tanto, un desafío importante que enfrenta nuestro mundo dividido es identificar y concordar en nuestras metas supraordenadas y estructurar esfuerzos cooperativos para lograrlas.
COMUNICACIÓN
Las partes en conflicto tienen otras maneras de resolver sus diferencias. Cuando el esposo y la esposa, o los obreros y la gerencia o la nación X y la nación Y están en desacuerdo, pueden negociar entre sí de manera directa. Pueden pedir a un tercero que sea de mediador haciendo sugerencias y facilitando sus negociaciones. O pueden arbitrar sometiendo sus desacuerdos a alguien que estudiará las cuestiones e impondrá un acuerdo.
Negociación
Cuando los conflictos no son intensos ni están en un callejón sin salida, las personas por lo general prefieren negociar por sí mismas (Rubin, 1980). Si usted o yo deseamos comprar o vender un automóvil nuevo, ¿será mejor comenzar adoptando una postura de negociación dura —abriendo con una oferta extrema de modo que al partir la diferencia se obtenga un resultado favorable? ¿O será mejor comenzar con una oferta sincera de "buena fe"?
Los experimentos no sugieren ninguna respuesta simple. Por una parte, quienes demandan más a menudo obtendrán más (Deutsch, 1980). Robert Cialdini, Leonard Bickman y John Cacioppo (1979) proporcionan un resultado típico: en una condición de control, se acercaron a varios distribuidores de Chevrolet y pidieron el precio de un Monte Carlo deportivo nuevo con las opciones designadas. En una condición experimental, se acercaron a otros distribuidores y primero sostuvieron una postura de negociación más dura, pidieron el precio de un automóvil diferente y lo rechazaron ("Necesito un precio menor que eso. . . es mucho"). Después pidieron el precio del Monte Carlo, exactamente como en la condición de control, recibieron ofertas que promediaron alrededor de 200 dólares menos.
La negociación dura puede disminuir las expectativas de la otra parte, y hacer que el otro esté dispuesto a llegar a un acuerdo por menos. Pero la dureza a veces puede ser contraproducente. Muchos conflictos no se encuentran sobre un terreno firme sino sobre uno que se encoge si el conflicto continúa. Cuando una huelga se prolonga, tanto los obreros como la gerencia pierden. Ser inflexible también puede disminuir las oportunidades de alcanzar en verdad un acuerdo. Si la otra parte responde con una postura igualmente extrema, ambos pueden bloquearse y adoptar posiciones de las que ninguno se podrá echará atrás sin quedar mal. En las semanas anteriores a la guerra del golfo Pérsico, el presidente Bush amenazó, con toda la ostentación de la publicidad, con "patear el trasero de Saddam". Saddam Hussein comunicó con la misma moneda, amenazando hacer que los estadounidenses "infieles. . . nadaran en su propia sangre". Después de estas declaraciones beligerantes, era difícil para cada parte evadir la guerra y salvar su prestigio.
Mediación
Un tercero como mediador puede ofrecer sugerencias que permitan a las partes en conflicto hacer concesiones y dejar a salvo su prestigio. Si mi concesión se puede atribuir a un mediador, quien además obtiene una concesión igual de mi antagonista, entonces ninguno de nosotros parecerá haber cedido ante las demandas del otro.
Convertir el ganar o perder en ganar o ganar
Los mediadores también ayudan a resolver conflictos facilitando la comunicación constructiva. Su primera tarea es ayudar a las partes a pensar en replantear el conflicto y a obtener información acerca de los intereses de la otra parte. Estimulándolos a dejar a un lado sus demandas conflictivas y las ofertas iniciales y a pensar en su lugar en las necesidades, intereses y objetivos subyacentes, el mediador trata de remplazar una orientación competitiva de "ganar o perder" con una orientación cooperativa de "ganar o ganar" que los conduzca a una resolución que sea mutuamente benéfica. En experimentos, Leigh Thompson (1990) encontró que, con la experiencia, los negociadores se vuelven más capaces de hacer acuerdos mutuamente benéficos y por tanto lograr resoluciones de ganar o ganar.
Una clásica historia de una resolución de este tipo se refiere a la pelea de dos hermanas por una naranja. Finalmente llegaron a un compromiso y dividieron la naranja a la mitad, después de lo cual una de las hermanas exprimió su mitad para sacarle el jugo mientras que la otra usó la cáscara para hacer un pastel. En experimentos en la Universidad Estatal de Nueva York en Buffalo, Dean Pruitt y sus asociados indujeron a los negociadores a buscar acuerdos integrativos. Si las hermanas hubieran acordado dividir la naranja y quedarse una de ellas con todo el jugo y la otra con toda la cáscara, habrían acertado a uno de estos acuerdos, uno que integrara los intereses de ambas partes. En comparación con los de compromisos, en los que cada parte sacrifica algo importante, los acuerdos integrativos son más perdurables. Debido a que son mutuamente recompensantes, también conducen a mejores relaciones.
Aclarar las percepciones erróneas con comunicaciones controladas
La comunicación a menudo ayuda a reducir las percepciones erróneas que se cumplen a sí mismas. Tal vez usted recuerde experiencias similares a las del siguiente estudiante universitario:
A menudo, después de un periodo prolongado de poca comunicación, percibo el silencio de Martha como una señal de que le desagrado. Ella, a su vez, piensa que mi silencio es resultado de mi enojo con ella. Mi silencio induce a su silencio, lo cual me hace aún más callado... hasta que este efecto de bola de nieve es roto por alguna situación que hace necesario que interactuemos. Y la comunicación entonces aclara todas las interpretaciones erróneas que habíamos hecho uno del otro.
El resultado de estos conflictos a menudo depende de cómo se comunican las personas sus sentimientos entre sí. Roger Knudson y sus colegas (1980) invitaron a matrimonios a ir al laboratorio de psicología de la Universidad de Illinois y revivir, por medio de la representación de papeles, uno de sus conflictos pasados. Antes, durante y después de su conversación (la cual con frecuencia generaba tanta emoción como su conflicto previo real), se observó a las parejas de cerca y se les interrogó. Las parejas que evadían el asunto —que no establecían de manera clara su posición o fallaban en reconocer la posición de su cónyuge— salieron con la ilusión de estar más en armonía y acuerdo de lo que realmente estaban. A menudo, llegaron a creer que ahora estaban más de acuerdo cuando en realidad concordaban menos. En contraste, quienes se Comprometieron con el asunto -estableciendo con claridad sus posiciones y tomando en cuenta los puntos de vista del otro— lograron más acuerdo real y obtuvieron información más precisa acerca de las percepciones del otro. Esto ayuda a explicar por qué los matrimonios felices se comunican sus preocupaciones de manera directa y abierta.
Los investigadores del conflicto creen que un factor clave es la confianza. Si usted cree que la otra persona es bien intencionada, y que no lo va a explotar, entonces, habrá una probabilidad mayor de que divulgue sus necesidades y preocupaciones. Si la confianza no existe, probablemente será cauteloso, por el temor de que al abrirse le proporcionará a la otra parte información que podría usar en su contra.
Cuando las dos partes desconfían una de la otra y se comunican de manera improductiva, un tercero mediador —un consejero matrimonial, un mediador laboral, un diplomático— a menudo es de ayuda. Después de coaccionar a las dos partes para que replanteen su conflicto percibido de ganar o perder, el mediador, a menudo, hace que cada parte identifique y jerarquice sus metas. Cuando en realidad hay poca incompatibilidad de me tas, el procedimiento de jerarquización hace más fácil para cada uno ceder en metas menos importantes de modo que cada uno alcance sus metas principales. Por ejemplo, una vez que tanto los obreros como la gerencia creen que la meta de la gerencia de mayor productividad y ganancia es compatible con la meta de los obreros de mejores salarios y condiciones de trabajo, pueden comenzar a trabajar por una solución integrativa de ganar o ganar.
Entonces, cuando las partes convienen en comunicarse de manera directa, por lo general no pierden la esperanza de que, sin conceder, el conflicto se resolverá por sí solo. En medio de un conflicto amenazador y tensionante, las emociones a menudo trastornan la capacidad para comprender el punto de vista de la otra parte. La comunicación puede volverse más difícil justo cuando es más necesaria. Por consiguiente, el mediador a menudo estructura el encuentro para ayudar a cada parte a comprender y a sentirse comprendida por la otra. El mediador puede pedir a las partes en conflicto que restrinjan sus argumentos a afirmaciones de hecho, incluyendo declaraciones de cómo se sienten y cómo responden cuando el otro actúa de determinada manera: "Disfruto escuchando música. Pero cuando está a volumen muy alto, encuentro difícil concentrarme. Eso me pone de mal humor". Además, el mediador puede pedir a las personas que inviertan los papeles y argumenten la posición del otro, o que replanteen la posición del otro antes de replicar con la suya: "Te molesta que le suba al estéreo". Esta comunicación llena a las personas de información que abate sus percepciones erróneas acumuladas. Esto difiere de la vida cotidiana, donde recibimos información contradictoria a pedazos, con lo que se hace más fácil racionalizar o descartar cada fragmento contradictorio.
Las terceras partes neutrales también pueden sugerir propuestas mutuamente agradables que serían desechadas —"devaluadas en forma reactiva"— si fueran ofrecidas por la otra parte. Constance Stillinger y sus colegas (1991) encontraron que una propuesta de desarme nuclear que desecharon los estadounidenses cuando se la atribuyeron a la Unión Soviética les pareció más aceptable cuando se la atribuyeron a una tercera parte neutral. Del mismo modo, las personas a menudo devalúan de manera reactiva una concesión ofrecida por un adversario ("no deben valorarla"); la misma concesión puede dejar de parecer sólo un gesto simbólico cuando es sugerida por un tercero.
Estos principios de la pacificación, basados en parte en experimentos de laboratorio, en parte en la experiencia práctica, han ayudado a mediar en conflictos internacionales y en conflictos industriales. Un pequeño equipo de estadounidenses árabes y judíos, dirigidos por los psicólogos sociales Herbert Kelman y Stephen Cohen (1986), han realizado talleres que reúnen a árabes e israelitas influyentes, y a paquistaníes e indios. Usando métodos como los que hemos considerado, Kelman y Cohen contrarrestan las percepciones erróneas y hacen que los participantes busquen soluciones de manera creativa para su bien común. Aislados, los participantes son libres de hablar en forma directa con sus adversarios sin temer que le den otra interpretación a lo que dicen. ¿El resultado? Ambos lados típicamente llegan a comprender la perspectiva del otro y la manera en que éste responde a las acciones de su propio grupo.
Cuando la comunicación directa es imposible, un tercero puede reunirse con una de las partes, luego con la otra. La "diplomacia de allá para acá" de Henry Kissinger en los dos años posteriores a la guerra árabe-israelita de 1973 produjo tres acuerdos de retirada entre Israel y sus vecinos árabes. La estrategia de Kissinger le dio el control sobre las comunicaciones y permitió a ambos bandos hacer concesiones sin aparecer capitulando entre sí.
El complejo proceso de negociación internacional en ocasiones recibe un impulso adicional de esfuerzos mediadores más pequeños. En 1976, Kelman llevó a un científico social egipcio, Boutros Ghali (quien en 1992 se convirtió en secretario general de las Naciones Unidas), al aeropuerto de Boston. En el camino, formularon planes para una conferencia egipcia sobre las percepciones erróneas en las relaciones árabe-israelitas. La conferencia se llevó a cabo después y Kelman comunicó sus prometedores resultados a israelitas influyentes. Un año después, Ghali se convirtió en secretario interino de relaciones exteriores de Egipto y el presidente egipcio Anuar Sadat hizo su viaje histórico a Israel, con lo cual se abrió un camino para la paz. Después, Ghali le dijo feliz a Kelman: "Ves el proceso que comenzamos en el aeropuerto de Boston el año pasado" (Armstrong, 1981).
Un año después, el mediador Jimmy Carter recluyó a Sadat y al primer ministro israelita Menachem Begin en Camp David. En vez de comenzar por hacer que cada parte planteara sus demandas, Carter hizo que identificaran sus intereses y metas subyacentes —seguridad para Israel, autoridad sobre su territorio histórico para Egipto—. Trece días después, el trío surgió con "Una estructura para la paz en el Medio Oriente", que concedía a cada uno lo que deseaba. Seis meses después, tras una mediación mayor del presidente Carter durante visitas a ambos países, Begin y Sadat firmaron un tratado con el que llegó a su fin un estado de guerra que existía desde 1948.
Arbitraje
Algunos conflictos son tan difíciles de tratar, los intereses subyacentes tan pone divergentes, que es inalcanzable una resolución mutuamente satisfactoria. Los israelitas y los palestinos no pueden tener ambos jurisdicción sobre las mismas tierras natales. En una disputa de divorcio sobre la custodia de un hijo, ambos padres no pueden disfrutar de la custodia completa. En éstos y muchos otros casos (que incluyen disputas sobre las facturas de reparación del arrendatano, los salarios de los atletas y territorios nacionales), un tercer mediador puede —o no puede— ayudar a resolver el conflicto.
Si no puede, las partes pueden buscar el arbitraje haciendo que el mediador u otro tercero imponga un acuerdo. Las partes en disputa por lo general prefieren resolver sus diferencias sin arbitraje, a fin de conservar el control sobre el resultado. Neil McGillicuddy y otros (1987) observaron esta preferencia en un experimento que implicaba a partes en conflicto que acudían al Centro de Resolución de Controversias en Buffalo, Nueva York. Cuando las personas sabían que tendrían que aceptar una resolución arbitrada si fallaba la mediación, intentaban con más fuerza resolver el problema, se mostraban menos hostilidad y, en consecuencia, era más probable que llegaran a un acuerdo.
Sin embargo, en casos en que las diferencias parecen grandes e irreconciliables, la perspectiva del arbitraje puede tener un efecto opuesto. Las partes en conflicto pueden congelar sus posiciones, con la esperanza de obtener ventaja cuando el árbitro decida un compromiso. Para combatir esta tendencia, algunas disputas, como las que implican los salarios de los jugadores de la liga mayor de béisbol, son acordadas con "arbitraje de oferta final" en el que un tercero elige una de las dos ofertas finales. El arbitraje de oferta final motiva a cada una de las partes a hacer una propuesta razonable.
De manera típica, sin embargo, la oferta final no es tan razonable como lo sería si cada parte, libre del sesgo de autoservicio, viera su propia propuesta desde el punto de vista del otro. Los investigadores de la negociación reportan que la mayoría de las partes en conflicto se vuelven obstinados por una confianza excesiva. La mediación exitosa se entorpece cuando, como sucede a menudo, ambas partes creen que tienen dos tercios de probabilidad de ganar un arbitraje de oferta final.
CONCILIACIÓN
Algunas veces la tensión y la suspicacia se elevan tanto que la comunicación, y mucho menos la resolución, se vuelven punto menos que imposibles de alcanzar. Cada parte puede amenazar, coaccionar o tomar represalias contra el otro. Por desgracia, esos actos tienden a ser recíprocos, lo que escala, por tanto, el conflicto. Así, ¿una estrategia opuesta —apaciguar a la otra parte siendo incondicionalmente cooperativo— produciría un resultado satisfactorio? A menudo no ocurre así. En los juegos de laboratorio, aquellos que son 100% cooperativos con frecuencia son explotados. Politicamente, un pacifismo unilateral está fuera de cuestionamiento de todas maneras.
IGRRT
¿Existe una tercera alternativa —una que es conciliatoria más que de represalia, pero lo bastante fuerte como para desalentar la explotación? Charles Qsgood (1962, 1980), un psicólogo social de la Universidad de Illinois, ha defendido por mucho tiempo una alternativa así. Osgood la llama "iniciativas graduadas y recíprocas para la reducción de la tensión", apodada IGRRT (GRIT). La IGRRT pretende invertir la espiral del conflicto produciendo una desescalada recíproca. Para hacer esto, se apoya en conceptos psicosociales, como la norma de la reciprocidad y la investigación de la atribución de los motivos.
La IGRRT requiere que una de las partes inicie unas cuantas acciones desescalantes pequeñas, realizadas de manera que alienten la reciprocidad. Los primeros pasos de la estrategia consisten en anunciar un intento conciliatorio. El iniciador declara su deseo de reducir la tensión, declara cada acto conciliatorio antes de hacerlo e invita al adversario a ser recíproco. Esos anuncios crean un marco de referencia que ayuda al adversario a interpretar de manera correcta lo que de otro modo podría ser visto como debilidad o acciones mañosas. También producen presión pública sobre el adversario para seguir la norma de la reciprocidad.
A continuación, el iniciador establece credibilidad y autenticidad al realizar, exactamente como lo anunció, varios actos conciliatorios verificables. Esto intensifica la presión para la reciprocidad. Ejecutar diversos actos conciliatorios —quizá ofreciendo información médica, cerrando una base militar y cancelando una prohibición comercial— evita que el iniciador haga un sacrificio significativo en cualquier área y deja al adversario en libertad de elegir sus propios medios de reciprocidad. Si el adversario es recíproco de manera voluntaria, su propia conducta conciliatoria puede suavizar sus actitudes.
La IGRRT es conciliatoria. Pero no es "rendirse en cómodas mensualidades". Los restantes aspectos del plan protegen el interés de cada lado al mantener la capacidad de tornar represalias. Los pasos conciliatorios iniciales implican algún riesgo pequeño pero no ponen en peligro la seguridad de ninguno; más bien, están calculados para comenzar a incitar a ambos lados a que desciendan la escalera de la tensión. Si uno de los lados emprende una acción agresiva, el otro corresponde con la misma moneda, así deja claro que no tolerará la explotación. Sin embargo, este acto recíproco no es una respuesta exagerada que haga probable reescalar el conflicto. Si el adversario ofrece sus propios actos conciliatorios, éstos, también, son igualados o incluso ligeramente superados. El experto en conflicto Morton Deutsch (1991) captó el espíritu de la IGRRT al aconsejar a los negociadores ser "firmes, justos y amistosos: firmes para resistir la intimidación, la explotación y el juego sucio; justos para mantener sus propios principios morales y no corresponder a la conducta inmoral del otro a pesar de la provocación; y amistosos en el sentido de que uno está dispuesto a iniciar y a corresponder la cooperación".
¿La IGRRT funciona en realidad? En los juegos de dilema de laboratorio la estrategia más exitosa ha probado ser la simple "toma y daca", la cual comienza con un juego cooperativo abierto y posteriormente igual a la última respuesta de la otra parte. El "toma y daca" trata de cooperar y perdonar, pero sin tolerar la explotación. En una larga serie de experimentos en la Universidad de Ohio, Svenn Lindskold y sus asociados (1976 a 1988) probaron otros aspectos de la estrategia IGRRT. Lindskold (1978) reportó que sus propios estudios y los de otros proporcionan un "fuerte apoyo para los diversos pasos en la propuesta IGRRT". En juegos de laboratorio, anunciar el intento cooperativo aumenta la cooperación. Los actos conciliatorios repetidos fomentan la confianza (aunque los sesgos de autoservicio a menudo provocan que nuestros propios actos nos parezcan más conciliatorios y menos hostiles que los del adversario). Mantener una igualdad de poder protege contra la explotación.
Lindskold no sostiene que el mundo del experimento de laboratorio refleje el mundo más complejo de la vida cotidiana. Más bien, como señalamos en el capítulo 1, los experimentos nos permiten formular y verificar principios teóricos poderosos, como la norma de la reciprocidad y el sesgo de autoservicio. Señala Lindskold (1981): "Son las teorías, no los experimentos individuales, las que son usadas para interpretar al mundo."
Aplicaciones en el mundo real
Las estrategias tipo IGRRT se han puesto a prueba de manera ocasional fuera del laboratorio, con resultados prometedores. Durante la crisis de Berlín de fines de la década de 1960, tanques estadounidenses y soviéticos se enfrentaron cañón contra cañón. La crisis se resolvió cuando los estadounidenses retiraron sus tanques paso a paso. A cada paso, los soviéticos correspondieron. Más recientemente, pequeñas concesiones de Israel y Egipto (por ejemplo, Israel permitió que Egipto abriera el canal de Suez, Egipto permitió que barcos destinados a Israel pasaran por el canal) ayudaron a reducir la tensión hasta un punto donde se hicieron posibles las negociaciones.
Para muchos, el intento más significativo en la IGRRT fue el llamado experimento Kennedy. El 10 de junio de 1963, el presidente Kennedy pronunció un discurso importante, "Una estrategia para la paz". En él señalaba: "Nuestros problemas son producto de la mano del hombre. . . y pueden ser resueltos por el hombre", y entonces anunció su primer acto conciliatorio: los Estados Unidos suspendían todas las pruebas nucleares atmosféricas y no las reanudarían a menos que otro país lo hiciera. En la Unión Soviética, el discurso de Kennedy se publicó completo. Cinco días después el primer ministro Khrushchev correspondió anunciando que había suspendido la producción de bombarderos estratégicos. Pronto siguieron otros gestos recíprocos: los Estados Unidos accedieron a vender trigo a Rusia, los soviéticos accedieron a un "teléfono rojo" entre los dos países, y los dos países enseguida lograron un tratado de prohibición de pruebas. Por un tiempo, estas iniciativas conciliatorias animaron las relaciones entre los dos países.
Conforme se animaban, como todos podemos recordar, el presidente Bus ordenó, en 1991, la eliminación de todas las cabezas nucleares tácticas de los Estados Unidos con base en tierra y eliminó la alerta roja de todos los bombarderos estratégicos, poniendo sus bombas en almacenamiento, aunque dejó intacto su arsenal nuclear menos vulnerable y más extenso —los misiles con base en submarinos— e invitó a Mikhail Gorbachev a corresponder su gesto conciliatorio. Ocho días después Gorbachev lo hizo, eliminó la alerta roja de sus bombarderos, almacenó sus bombas y anunció la eliminación de las armas nucleares de los cohetes de corto alcance, barcos y submarinos.
El compromiso permanente con coacción
A pesar de estos ocasionales éxitos conciliatorios, aún es fuerte la creencia en el poder de la coacción. Esa creencia llevó a la Alemania nazi en 1940 a pensar que bombardear ciudades inglesas haría rendirse a Inglaterra. Llevó a los Aliados más tarde a creer que los bombardeos sobre Alemania disminuirían "la voluntad de resistencia" de los alemanes. Hizo que los japoneses asumieran en 1941 que un ataque devastador a Pearl Harbor podría disuadir a los Estados Unidos de librar la guerra en el Pacífico occidental. Llevó a los Estados Unidos a asumir en 1965 que el bombardeo sostenido a Vietnam del Norte disminuiría su "voluntad de emprender la guerra" y llevaría a los norvietnamitas a la mesa de negociaciones. En cada uno de estos casos, el intento de coacción, en vez del resultado que se esperaba, fortaleció la resolución de resistir.
Myron Rothbart y William Hallmark (1988) exploraron de manera experimental esta creencia en el poder de la coacción. Después de asumir el papel de ministro de defensa de una nación hipotética, los sujetos percibieron que ellos podrían responder más a un gesto conciliatorio que a uno coactivo de otro país pero que el otro país relativamente respondería más a la coacción. Así, ¿cómo podemos prever el efecto probable de nuestra conducta en la otra parte? Rothbart y Hallmark sugieren que preguntándonos a nosotros mismos cómo reaccionaríamos si esa acción estuviera dirigida contra nosotros: "Si ellos me trataran en la forma en que yo voy a tratarlos, ¿cómo me sentiría?"
¿Los esfuerzos conciliatorios podrían también ayudar a reducir la tensión entre individuos? Existen todas las razones para esperarlo. Cuando una relación es tirante y no existe la comunicación, en ocasiones basta sólo un gesto conciliatorio
—una respuesta suave, una sonrisa afectuosa, un toque gentil— para que ambas partes comiencen a descender la escalera de la tensión, hasta un peldaño donde la comunicación y la resolución del conflicto se vuelvan posibles.
• RESUMEN
CONFLICTO
Siempre que dos personas, dos grupos o dos naciones interactúan, sus necesidades y metas percibidas pueden entrar en conflicto. En este capítulo, identificamos algunos ingredientes comunes de los conflictos y consideramos maneras de resolver los conflictos de manera constructiva y pacífica.
Dilemas sociales
Muchos problemas sociales surgen cuando las personas persiguen sus intereses propios, en detrimento de su colectividad. Dos juegos de laboratorio, el dilema del prisionero y el dilema de los comunes, captan este choque del bienestar individual contra el comunitario. En cada uno, los participantes eligen si persiguen sus intereses inmediatos o si cooperan para su mejoramiento común. De manera irónica y trágica, cada juego a menudo entrampa a los participantes bien intencionados en decisiones que disminuyen su terreno común. En la vida real, como en los experimentos de laboratorio, podemos evitar estas trampas estableciendo reglas que regulen la conducta de autoservicio, manteniendo pequeños los grupos sociales de modo que las personas se sientan responsables entre sí, permitiendo la comunicación, reduciendo, por tanto, la desconfianza, cambiando las ganancias para hacer más recompensante la cooperación e invocando normas altruistas.
Competencia
Cuando las personas compiten por recursos escasos, las relaciones humanas a menudo caen en el prejuicio y la hostilidad. En sus famosos experimentos, Muzafer Sherif encontró que la competencia de ganar o perder rápidamente convirtió a los extraños en enemigos, y produjo una guerra declarada aun entre muchachos normalmente rectos.
Injusticia percibida
Los conflictos también surgen cuando las personas se sienten tratadas de forma injusta. De acuerdo con la teoría de la equidad, las personas definen la justicia como la distribución de recompensas en proporción a las contribuciones de las personas. Los conflictos ocurren cuando las personas están en desacuerdo sobre el grado de sus contribuciones y, en consecuencia, en la equidad de sus resultados. Otros teóricos argumentan que las personas, en ocasiones, definen la justicia no como equidad, sino como igualdad o incluso en términos de las necesidades de las personas.
Percepción errónea
Los conflictos con frecuencia contienen un pequeño núcleo de metas verdaderamente incompatibles, rodeado de una gruesa capa de percepciones erróneas de los motivos y metas del adversario. A menudo, las partes en conflicto tienen percepciones de imagen en el espejo —cada uno se atribuye las mismas virtudes y atribuye los defectos al otro. Cuando ambas partes creen que "nosotros somos amantes de la paz, ellos son hostiles", cada uno puede tratar al otro de forma que provoque la confirmación de sus expectativas. Los conflictos internacionales también se fomentan por la ilusión de un líder malvado y un pueblo bueno. Cada parte percibe a los líderes del enemigo como malvados y coactivos, pero a su propio pueblo como simpatizante del punto de vista propio. Esas percepciones de nuestros antagonistas se adaptan con facilidad conforme los conflictos sufren altibajos.
PACIFICACIÓN
Aunque los conflictos se pueden encender y alimentar con facilidad por estos ingredientes, algunas fuerzas igualmente poderosas pueden transformar la hostilidad en armonía.
Contacto
¿Las personas que son puestas en contacto cercano podrían reducir sus hostilidades? Existen buenas razones para pensar que así es. Sin embargo, a pesar de que algunos estudios, pioneros de la integración, han sido alentadores, otros estudios muestran que la simple integración en las escuelas tiene poco efecto en las actitudes raciales. Sin embargo, en la mayoría de las escuelas, el contacto interracial rara vez es prolongado o intimo. Cuando es así, y cuando es estructurado para transmitir igualdad de posiciones, las hostilidades con frecuencia disminuyen.
Cooperación
Los contactos son benéficos sobre todo cuando las personas trabajan juntas para vencer una amenaza común o para alcanzar una meta supraordenada. En sus experimentos con el campamento de muchachos, Sherif usó el efecto unificador de un enemigo común para crear grupos cohesivos. Luego usó el poder unificador del esfuerzo cooperativo para reconciliar a los grupos en guerra. Tomando claves de los experimentos sobre contacto cooperativo, varios equipos de investigación han remplazado las situaciones de aprendizaje competitivo en el salón de clases con oportunidades para el aprendizaje cooperativo. Sus alentadores resultados sugieren cómo implantar de manera constructiva la integración y fortalecer la confianza en que las actividades cooperativas pueden beneficiar a las relaciones humanas en todos los niveles.
Comunicación
Las partes en conflicto también pueden buscar resolver sus diferencias negociando ya sea de manera directa entre sí o a través de un tercero que actúa como mediador. Cuando un pay de tamaño fijo se va a dividir, adoptar una postura negociadora dura tiende a obtener una tajada más grande (por ejemplo, un precio mejor). Cuando el pay puede variar de tamaño, como en las situaciones de dilema, la dureza en la negociación con mayor frecuencia, puede ser contraproducente. Los terceros mediadores pueden ayudar estimulando a los antagonistas a reemplazar su punto de vista competitivo de ganar o perder respecto al conflicto con una orientación de ganar o ganar más cooperativa. Los mediadores también pueden estructurar las comunicaciones que eliminarán las percepciones erróneas y aumentarán la comprensión y confianza mutuas. Cuando un acuerdo negociado no se alcanza, las partes en conflicto pueden someter el resultado a un árbitro, quien dicta un acuerdo o selecciona una de las dos ofertas finales.
Conciliación
Ocasionalmente las tensiones llegan tan alto que es imposible la comunicación genuina. En esos momentos, los pequeños gestos conc4iatorios de una de las partes puedan producir actos conciliatorios recíprocos de la otra. Por tanto, la tensión se puede reducir a un nivel donde puede ocurrir la comunicación. Una de estas estrategias conciliatorias, IGRRT (iniciativas graduadas y recíprocas para la reducción de la tensión), aspira a aliviar la tensión de las situaciones internacionales.
Los mediadores en los conflictos tensos entre los trabajadores y la gerencia y en los conflictos internacionales, en ocasiones usan otra estrategia de pacificación. Instruyen a los participantes, como este capítulo lo ha instruido a usted, en la dinámica del conflicto y la pacificación. La esperanza es que la comprensión —comprensión de cómo los conflictos son fomentados por trampas sociales, injusticia percibida, competencia y percepciones erróneas y comprensión de cómo se pueden resolver los conflictos por medio de contacto en iguales posiciones, cooperación, comunicación y conciliación— puede ayudamos a establecer y disfrutar relaciones pacíficas recompensantes.